Publicado en Jerusalem Post, 30 de julio de 2008
Por Isi Leibler
Una conferencia global que promueve el diálogo interreligioso y patrocinada por el actual régimen saudí suena algo así como que la Sudáfrica del apartheid celebrara un acto frívolo global destacando las virtudes de la igualdad racial.
Eso no equivale a negar que el Rey Abdullah rompiera tabúes al servir de anfitrión a una conferencia interreligiosa y que por primera vez invitara a judíos a participar en un acto de patrocinio iraní. El rabino David Rosen, presidente del Jewish Committee on Interreligious Consultation, lo describía exuberantemente como "un acontecimiento histórico" y un preludio "a la apertura de la sociedad saudí," aunque sí advertía que "el tiempo dirá si esto es el principio de algo o simplemente otro acto más sin ninguna relevancia real."
Lamentablemente, ser invitado por el Rey Abdullah tuvo un efecto tan intoxicador sobre algunos participantes judíos que perdieron su sentido común y cedieron al excesivo halago de su anfitrión, que acabó degenerando en humillación.
El rabino Brad Hirschfeld, presidente del National Center for Learning and Leadership, destacaba que no estaba pecando de inocente al afirmar inmediatamente después de haber recibido la bendición del Rey Abdullah "con quien Dios comparte la gloria divina" que vio lágrimas en los ojos del rey. El rabino Michael Lerner, director del grupo radical Tikkun, sugería que "para aquellos de nosotros a los que nos desespera que el cristianismo y el judaísmo han perdido el rumbo... la noción de que el islam puede encender esa chispa que genere un nuevo renacimiento religioso basado en el respeto mutuo y la intensidad y espiritual podría ampliar nuestra interpretación del infinito potencial de Dios para sorprendernos."
Walter Ruby, de la Foundation for Ethnic Understanding, comparaba la iniciativa del Rey Abdullah con la perestroika de Mikhail Gorbachev, olvidando que el reformista soviético inició las dramáticas reformas dentro de su país en tanto Arabia Saudí sigue representando el ejemplo más extremo de fundamentalismo islámico fanático de corte wahabí.
En la práctica, la exportación de patrocinio estatal del wahabismo ha dado lugar a una red global de escuelas islámicas jihadistas e instituciones que bendicen la violencia. Esto ha conducido a la creación de centros por todo el mundo que alimentan a grupos terroristas que incuban a muchos de los terroristas suicida que están en primera línea de las actividades terroristas.
Arabia Saudí niega la entrada en el país a los judíos y prohíbe todas las demás religiones que no son el islam el derecho a crear casas de oración. Los imanes saudíes promueven públicamente el antisemitismo virulento, retratando a los judíos en las mezquitas y en la televisión como los hijos de los cerdos con los monos a los que hay que matar. Hasta la fecha, el sistema educativo saudí sigue incorporando textos obscenamente antisemitas.
Claramente, el Rey Abdullah en toda su veteranía no se transformó de la noche a la mañana en un liberal. Pero es lo bastante inteligente para darse cuenta de que su país se encuentra bajo la gran amenaza del creciente chiíta en expansión de dominio iraní y anda desesperado buscando reforzar la pobre imagen del régimen en Estados Unidos y Europa. Ese fue el objetivo primordial de la conferencia interreligiosa de Abdullah.
Como era de esperar, la conferencia tuvo lugar en Madrid en lugar de en Jedda o la Meca.
Inicialmente, el "rabino" Yisroel Dovid Weiss, el demente neoyorquino de Natorei Karta que previamente había asistido a la conferencia iraní de revisionismo del Holocausto, fue seleccionado como el único judío en hablar desde el podio. Tras protestas apoyadas por un imán musulmán estadounidense implicado en actividades interreligiosas, los saudíes se retractaron y retiraron la invitación a Weiss. Fue sustituido por el gurú del diálogo interreligioso estadounidense, el rabino Arthur Schneier, que había recibido al Papa Benedicto XVI en su sinagoga de Park Avenue durante su reciente visita a Nueva York.
No fue invitado ningún rabino israelí. El rabino David Rosen, siendo israelí con doble nacionalidad, fue designado como estadounidense. En realidad, al margen de un intercambio marginal, Israel estuvo ausente de la agenda.
Lo que es más importante, mientras el Rey Abdullah destacaba las virtudes de la paz y condenaba el terrorismo, los participantes eran informados de que sólo en una conferencia posterior se definiría "terrorismo." Hasta la fecha, los musulmanes niegan que los ataques contra Israel sean actos de terror, describiéndolos como resistencia legítima.
Es inexplicable el motivo de que los participantes judíos carecieran del valor para plantear los temas cruciales que no tendrían resonancia entre sus anfitriones. ¿Cómo pueden líderes judíos participar en un acto así sin hacer mención siquiera a la incitación obscena religiosa antisemita sustentada por el estado que es abiertamente promovida por el país que patrocina el acto? ¿Cómo pudieron permanecer en silencio cuando un ministro saudí en funciones de cultura afirmaba que "el islam es una cultura moderada y estamos decididos a evitar que los extremistas secuestren el islam"? Ciertamente tenía la obligación de señalar que mientras cada una de las tres religiones monoteístas importantes incorpora elementos de religiosidad militante y violencia, con sus ramas jihadistas dominantes, el islam representa hoy la doctrina más violenta. Permanecer en silencio en estos temas permitió que los saudíes explotaran el diálogo interreligioso como vehículo para obtener el respeto y disfraz a su fundamentalismo.
Los representantes judíos tampoco protestaron cuando el comunicado de cierre de la conferencia instaba "a organizaciones internacionales a redactar un documento que declare el respeto de las creencias y los símbolos religiosos y criminalice legalmente a aquellos que los insultan.” Este comentario aparentemente inocuo representa un llamamiento a dar el visto bueno a la intimidación islámica contra todos aquellos que critican o cuestionan las creencias islámicas o su comportamiento, como queda plasmado en la violencia y la virulenta campaña en relación con las viñetas danesas del profeta Mahoma. Los judíos sensibles a la demonización en la práctica religiosa tienen que estar por tanto firmemente en contra de esto.
No oponerse a iniciativas así es comparable a los líderes judíos estadounidenses progres que aprueban exigencias musulmanas de legalizar el fichado racial a pesar de que el 95% de los actos de terrorismo global proceden hoy de ese colectivo.
También nos estamos haciendo un pobre servicio si aprobamos la falsa alegación de que la islamofobia campa a sus anchas. Supone en la práctica un tributo a la tolerancia de los países occidentales que a pesar de la violencia e intimidación que sale de los musulmanes, la agresión abierta o la discriminación hacia ellos se haya visto extremadamente limitada. En la práctica, al contrario que las sinagogas, las mezquitas raramente exigen protección armada, y en Europa gran parte de la violencia dirigida contra los judíos procede en realidad de los musulmanes.
También debemos exigir reciprocidad. La tolerancia de los derechos para los musulmanes en los países occidentales tiene que ser equiparable a la tolerancia con los no musulmanes en los estados islámicos.
Nada de esto nos detrae de nuestra obligación de elevar nuestras voces contra aquellos que condenarían a una religión entera a causa del comportamiento criminal de unos individuos. Pero resulta exasperante que en la escena musulmana no haya virtualmente ninguna de tales condenas en relación con la incitación contra Israel, los judíos o hasta Estados Unidos.
El meollo de la cuestión es que el diálogo con la Iglesia Católica solamente tuvo éxito a causa de la apertura y la voluntad de proceder por parte de ambas partes. Las organizaciones judías de reputación tienen que reconocer que el diálogo con los musulmanes se vuelve contraproductivo cuando ellas no defienden a los judíos por miedo a ofender a la otra parte, o se rebajan humillándose para apaciguar o ganarse el favor de sus anfitriones. Todo lo que se logra es un disfraz de buena voluntad que en última instancia solamente refuerza a los fundamentalistas a expensas de los pocos moderados genuinos dentro de la comunidad islámica.
Fue particularmente escandaloso y vergonzoso que en una conferencia presidida por árabes saudíes que divagaba acerca de tolerancia y buena voluntad, los participantes judíos no insistieron en plantear el tema del antisemitismo religioso patrocinado por el estado que es endémico en el país que los recibía.
Entusiasmada con la Alianza de Civilizaciones, mi hija Fátima se ha-liado con un tal Evaristo López.
Europisoteando la libertad de expresión. Cómo algunos europeos y la ONU están ayudando a los islamistas a socavar la libertad
Publicado en National Review, 5 de septiembre de 2008
Por Clifford D. May.
En Europa, la libertad de expresión no se acabará ni con un estallido ni con un lloriqueo sino con la ayuda de un abogado.
Hace tres años este mes que el periódico danés Jyllands Posten publicó 12 caricaturas editoriales que satirizaban el terrorismo islamista. Algunas organizaciones musulmanas protestaron. Las protestas fueron organizadas. Las embajadas danesas en Siria, el Líbano e Irán fueron incendiadas. Mataron a decenas de personas. Los dibujantes y los editores recibieron amenazas de muerte de personajes tales como Mahmud al-Zahar, alto líder de Hamás en Gaza.
Kurt Westergaard es el artista que dibujó la caricatura más icónica y polémica: pintó a Mahoma con su turbante convertido en bomba y la mecha encendida. Su mensaje era claro: así es como Mahoma es visto por los que aprenden acerca del islam de boca de terroristas suicidas. Westergaard no está ni deshaciéndose en disculpas ni arrepentido. Pero él ha explicado tan claramente como puede que el punto de mira de su dibujo eran los “fanáticos terroristas islamistas” – una pequeña parte del islam.
Westergaard ha necesitado protección policial desde entonces. El año pasado tuvo que dejar su casa al enterarse por la inteligencia danesa que había una trama “específica” para asesinarlo. A principios de este año, también se vio forzado a dejar el hotel en el cual había estado viviendo porque se había convertido en un “riesgo demasiado grande para la seguridad” de los otros huéspedes y del personal.
Y luego en junio, un “Fiscal General” en Jordania – una nación musulmana descrita generalmente como moderada – emitió una citación judicial exigiendo que Westergaard fuera llevado a juicio en una corte de Amán.
El dibujante de 73 años no tiene planes de acceder a ello. Dijo que aunque debería ser obvio que “mi problema es con los terroristas, no con los musulmanes”, la gente es libre de interpretar su trabajo como quiera. Westergaard le dijo a un periodista que “No estar de acuerdo es muy importante y si discrepamos eso no significa que tengamos que presentar demandas y matarnos”.
Al parecer, no son sólo los islamistas los que encuentran esa lógica poco persuasiva. El periódico en inglés Daily Jordan Times informaba que el abogado Osama Bitar, relacionado con la querella (en nombre de la campaña “El Mensajero de Alá nos une” – ¡qué nombre tan inspirador!) ha estado en contacto con abogados franceses que “han expresado su apoyo por la campaña y su demanda contra Westergaard”.
“Los abogados están estudiando la posibilidad de presentar una demanda contra el dibujante de acuerdo a la ley francesa y el derecho internacional como el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos” dijo Bitar. Y agregó que los abogados franceses también están considerando entrar en contacto con colegas de otros países europeos para presentar demandas por separado contra Westergaard.
Bitar expresa entusiasmado: “La idea de que abogados europeos se unan a nuestra campaña y que apoyen nuestras iniciativas es formidable. Estamos defendiendo el islam de una manera civilizada y estamos intentando hacer que los responsables de las caricaturas respondan según la ley”.
Puede que tengan ayuda legal adicional en camino. La ONU está pensando presentar una resolución patrocinada por la Organización de la Conferencia Islámica (OIC) compuesta por 57 naciones. El motivo aparente de “combatir la difamación de la religión” – ¡otro nombre inspirador más a la lista! - es erradicar “la incitación al odio religioso, contra el islam y los musulmanes en especial”. En cuanto a otras religiones, puede estar seguro que esta resolución garantizará tanta protección y respeto como el cristianismo, el judaísmo, el bahaísmo y el hinduísmo reciben ahora en Arabia Saudí, Irán o en cualquiera de las otras naciones que patrocinan la resolución.
Mientras las resoluciones de la Asamblea General en realidad no tienen fuerza de ley, proporcionan amparo diplomático a los tiranos deseosos de acallar a los críticos y son citadas habitualmente por grupos izquierdistas de derechos humanos y periodistas como si fueran leyes internacionales.
Felice Gaer, presidenta de la Comisión Americana de la Libertad Religiosa Internacional, organización federal bipartita, dice que ha quedado claro que los países de la OIC están intentando “integrar” las prohibiciones para cualquier tipo de manifestación que pudiera considerarse crítica del islam.
“Están convirtiendo la libertad de expresión en la restricción de expresión” afirmaba ella.
Y el Centro Europeo por la Ley y la Justicia ha presentado un escrito ante el Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos advirtiendo que semejantes resoluciones “violan directamente el derecho internacional respecto a los derechos a la libertad de culto y de expresión”. El escrito sostiene que la resolución es incompatible con cualquier concepto serio sobre la libertad de expresión, que más bien sustituye “un criterio subjetivo a considerar si la religión o sus creyentes se sienten ofendidos por el hecho que otros usen la libre expresión”.
Es alentador saber que algunos europeos están preocupados. Será educativo ver lo que hacen cuando quede claro – y me apuesto un euro a que así sucederá – que el Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos no moverá ni un dedo.
Clifford D. May, antiguo corresponsal extranjero del New York Times, es el presidente de la Fundación por la Defensa de las Democracias, a la vez que preside el Subcomité del Committee on the Present Danger.
Chechenia, el terrorismo yihadista y la proclamación del Emirato del Cáucaso.
Por Gustavo Castro Suárez.
Tras la muerte de Aslan Maskhadov el 8 de marzo de 2005 en la localidad chechena de Tolstoi-Yurt, fueron muchos los analistas que anunciaron una espiral de violencia sin límites en el Cáucaso. Supuestamente, la insurgencia caería en manos de las facciones más extremistas y radicales. Sin embargo, nada de lo vaticinado ocurrió. El motivo era evidente para los expertos: hacía tiempo que Aslan Maskhadov se había incorporado a la facción más radical que luchaba contra el Gobierno republicano checheno y el Gobierno ruso. Al revisar vídeos yihadistas procedentes de la región, era habitual localizar a Maskhadov haciendo declaraciones junto a los principales líderes de Al Qaida en el Cáucaso, el saudí Abu al Walid al-Ghamidi, el jordano Abu Hafs al-Urduni, el sudanés Yasir al-Sudani, el egipcio Sejf al-Islam y resto de responsables locales de la red yihadista global.1
Tras la eliminación de Maskhadov, intentó asumir el liderazgo de la insurgencia Halim Abdul Saidulayev, consejero para asuntos religiosos de Maskhadov, que había sido proclamado por éste sucesor mientras aún vivía. El 17 de junio de 2006, sólo diez días después de que las tropas estadounidenses mataran en Irak a Abu Mussab al Zarqaui, Alu Alkhanov y Ramzan Kadírov (presidente y vicepresidente de la República de Chechenia respectivamente por aquel entonces) se apuntaron un importante tanto en la lucha antiterrorista. Ante las cámaras aparecía el cadáver semidesnudo de Halim Abdul Saidulayev, eliminado en el transcurso de una operación especial en Argún, tercera ciudad en importancia en Chechenia. La mayor aportación de este terrorista checheno fue la creación del Frente del Cáucaso en mayo de 2005, intentando coordinar las diversas Jamaat que operaban en las repúblicas rusas del Cáucaso norte. Shamil Basayev, máximo responsable de la ofensiva en Nazrán (Ingushetia) en el año 2004, fue el encargado de liderar el Frente del Cáucaso. En cualquier caso, Saidulayev nunca pasó de ser un dirigente vagamente conocido por la población chechena.
Tras la muerte del líder checheno, Dokku Umarov ocupó su lugar al frente de la oposición armada. Tanto Dokku Umarov como el saudí Muhannad (nuevo emir de Al Qaida en la región tras la muerte el 26 de noviembre de 2006 de Abu Hafs al-Urduni en la ciudad de Khasavyurt, en Daguestán) han demostrado durante este tiempo una incapacidad casi total tanto en el ámbito operativo como en el político. En el operativo por no ser capaces de atentar, salvo de forma esporádica, contra las fuerzas federales y las fuerzas locales chechenas. En el ámbito político, por la proclamación del Emirato del Cáucaso, que ha provocado una profunda división en el seno de la insurgencia. El acta fundacional del Emirato reza lo siguiente: 2
“Nosotros somos parte indivisible de la Umma islámica. Estoy muy disgustado con aquellos musulmanes que llaman enemigos sólo a aquellos infieles que los atacan directamente. Al mismo tiempo, esos musulmanes buscan apoyo y simpatía de otros infieles, olvidando el hecho de que todos los infieles constituyen una sola nación. Hoy nuestros hermanos están luchando en Afganistán, Irak, Somalia y Palestina. Nuestro enemigo no es sólo Rusia, sino también América, Inglaterra e Israel; todos aquellos que están llevando a cabo una guerra contra el Islam y los musulmanes. Ellos son nuestros enemigos porque son enemigos de Dios.”
La declaración de Umarov confirmó de pleno lo que algunos analistas llevábamos afirmando desde hacía muchos años: los terroristas chechenos están plenamente integrados en la internacional yihadista, convirtiendo el conflicto checheno en un eslabón más del terrorismo global con base ideológica salafista. Los líderes terroristas del Cáucaso, junto a los líderes de Al Qaida, han abandonado cualquier formalidad separatista, para declarar un yihad global contra sionistas y cruzados. Sin duda, lo más impactante es el hecho de que Dokku Umarov, líder de la insurgencia chechena, tilde de hermanos a talibanes, yihadistas que operan en Irak bajo el paraguas de la estructura Estado Islámico de Irak (I.S.I) e incluso, a los siniestros miembros de las Cortes Islámicas de Somalia, todos ellos de clara orientación salafista, defensores de la instauración de un Califato islámico regido de forma indefectible por la Sharia. Umarov no duda en vincularse abiertamente a la órbita de Al Qaida, al igual que otros veteranos líderes yihadistas como Muhammed Taher al-Farouq (líder del Movimiento Islámico de Uzbekistán M.I.U) o el argelino Abu Musab Abdul-Wadud, líder de Al Qaida en las Tierras del Magreb Islámico (A.Q.M.I.).
Otro de los aspectos de la declaración que ha provocado estupor es el siguiente: 3
“No creo que sea necesario determinar las fronteras del Emirato del Cáucaso. Primero, porque el Cáucaso está ocupado por kuffar (infieles, o no creyentes) y apóstatas y es Dar al-Harb, el territorio de la guerra, y nuestra tarea prioritaria es convertir el Cáucaso en Dar as-Salam (la “Casa de la Paz”), estableciendo la Sharia en sus territorios y expulsando a los kuffar. En segundo lugar, después de expulsar a los kuffar, debemos reconquistar todos los territorios históricos de los musulmanes, y estas fronteras están más allá de los límites del Cáucaso.”
Sin duda, esta parte de la declaración está relacionada con las manifestaciones del líder de Al Qaida en la región, Abu al Walid al-Ghamidi, que aparecían en el minuto 16 de la grabación Jaheem ur Roos 4 parte 3 (Russian Hell volumen 4 parte 3, Infierno ruso), en las que hacía claras referencias a Al Andalus.4
La declaración del Emirato del Cáucaso deja en una delicada situación a la diáspora chechena que vive por todo el mundo, muy especialmente en Europa. Aún se recuerdan con espanto las campañas terroristas desatadas en Francia a mediados de los años 90 por parte de la diáspora argelina. Desde Londres, en un burdo intento por distanciarse de la declaración de Umarov, Akhmed Zakayev se autodenominó nuevo presidente de la República de Ichkeria después de una “votación por teléfono”. 5 La respuesta de los yihadistas en el Cáucaso a este nombramiento fue fulminante, remitiéndose el caso al Tribunal Supremo de la Sharia del Emirato del Cáucaso (supuesto órgano de Justicia de los insurgentes yihadistas) 6
Como se recordará, Akhmed Zakayev fue vicepresidente checheno y mano derecha de Aslan Maskhadov, y estuvo presuntamente implicado en el secuestro el 29 de enero de 1996 de los monjes ortodoxos cristianos Anatoly (Chistousov) y Fillip (Serguei Zhigulin) cuando se dirigían a Urus-Martán para continuar con las negociaciones para liberar al soldado ruso Boris Sorokin. El padre Anatoly fue torturado hasta la muerte, y finalmente su tumba fue localizada en el año 2000 en el pueblo de Staryye Achkhoi. El padre Fillip, quien permaneció cinco meses secuestrado y fue liberado tras pagarse un rescate, declaró públicamente que había visto con sus propios ojos a Akhmed Zakayev entre los secuestradores. También reconoció a Usman Urzaili como el responsable de la prisión donde estuvo retenido, y donde se interrogaba y torturaba a los secuestrados. Como se recordará, Urzaili fue el organizador del Congreso Mundial Checheno celebrado en Copenhague a finales del año 2002.7
Zakayev también estuvo presuntamente implicado en las torturas sufridas por el ciudadano checheno Ivan Soloviev entre otros muchos delitos que le fueron imputados.8
Las autoridades rusas pidieron la extradición de Zakayev, pero la petición fue denegada por la Justicia británica. El juez Timothy Workman afirmó que sospechaba que Zakayev sería torturado si volvía a Rusia. “Sería injusto y represivo devolver a Zakayev a Rusia”, afirmó, en una decisión judicial que levantó ampollas en el Gobierno ruso.9
Por otro lado, hay que reseñar que fueron muchos los gobiernos de países occidentales y numerosos medios de comunicación, que se caracterizaron por una firme condena de las políticas rusas en el Cáucaso. Esta campaña llegó a crear un estado de opinión que alcanzó instituciones europeas como el Consejo de Europa. La misión de inspección enviada por la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa, llegó incluso a amenazar con expulsar a Rusia de dicho organismo europeo en el año 2000 por “crímenes de guerra” en Chechenia. 10
Algunos advierten ahora con horror el acierto de las autoridades rusas en el diagnóstico de la situación del Cáucaso. Desde el primer día de operaciones en Daguestán en 1999, el gobierno ruso alertó de la clara orientación islamista de las acciones del autodenominado Ejército Islámico de Pacificación liderado por el emir de Al Qaida Ibn al-Khattab y Shamil Basayev. En este punto es necesario recordar el viaje a Grozni del presidente de los servicios secretos alemanes (B.N.D.), August Hanning, a mediados de marzo del año 2000. Allí se desplazó acompañado de oficiales de alto rango de los servicios secretos rusos. Los datos aportados por este alto dirigente alemán fueron contundentes: Afganistán funcionaba como escenario para la formación de los rebeldes y los chechenos mantenían estrechos lazos con Osama bin Laden.11
La implantación de la Sharia en enero de 1999 en la autodenominada República de Ichkeria (Chechenia) perpetrada por Aslan Maskhadov (al que algunos incautos llegaron a tildar de presidente “moderado y laico”), las ejecuciones sumarias, las mutilaciones en público, así como la existencia de esclavos, causaron un profundo espanto en una población chechena, en su mayoría sufí, y por tanto, ajena a las prácticas más radicales del Islam wahabí. Las grabaciones en vídeo no dejan lugar a dudas al respecto. Con el paso del tiempo, estas brutales acciones, donde los secuestrados eran mutilados o degollados, así como las ejecuciones en plena calle, se harían célebres en Irak. Abu Mussab al Zarqaui, emir de Al Qaida en Irak, se convirtió en un alumno aventajado del emir de la misma organización terrorista en el Cáucaso norte, Ibn al-Khattab, de quién copió gran parte de la metodología terrorista.
La intensa actividad de la estructura liderada por el saudí Osama bin Laden en el Cáucaso, ha tenido un efecto contrario al que esperaban: la mayor parte de la población y de los dirigentes, que en otros tiempos fueron independentistas, se han unido a la Federación Rusa de buen grado para poder librarse de los salafistas yihadistas.
El presidente Vladimir Putin depositó su confianza en el muftí Akhmad-Hadji Kadirov, líder de la tariqat (cofradía sufí) Qadiria. Esta cofradía sufí, que entre 1994 y 1996 lideró la resistencia contra la invasión militar rusa12 constituye hoy el pilar principal de toda la política rusa en el Cáucaso.
A pesar de incidentes aislados como los del pasado 8 de julio de 2008, en los que murió un terrorista y dos policías chechenos resultaron heridos en Grozni, a día de hoy, la República de Chechenia es una de las zonas más estables de todo el Cáucaso norte. Las autoridades rusas han llevado a cabo un gran esfuerzo en hombres y medios materiales para “chechenizar” a toda costa el conflicto. Gran parte de la República ha sido reconstruida, los chechenos pueden transitar cómodamente por las nuevas carreteras perfectamente asfaltadas y la inauguración de la nueva mezquita de Grozni será noticia mundial. Se ha creado un formidable entramado de milicias locales bajo las órdenes directas del presidente checheno Ramzan Kadírov, como las unidades Neftyanoi Polk o el Regimiento Akhmad Kadirov. Por otro lado, se han constituido los batallones especiales Vostok, Zapad, Sever y Yug, con una ubicación geográfica delimitada, formados por chechenos pero adscritos a las fuerzas federales. Y también se mantienen las fuerzas federales propiamente dichas (Spetsnatz Alfa y Vympel incluidos), fuerzas del Ministerio del Interior OMON, Servicio Federal de Seguridad F.S.B., junto al Servicio de Inteligencia Militar G.R.U. Todo este entramado de milicias y fuerzas militares, ha ahuyentado a gran número de terroristas de Chechenia. Éstos han optado por trasladarse a las repúblicas vecinas, Ingushetia y Daguestán, donde han contactado con células locales radicales en ámbitos islamistas para continuar su particular jihad.
En Daguestán se produjo una oleada de acciones terroristas durante los años 2005 y 2006, con multitud de atentados y enfrentamientos con policías y militares. Esta ofensiva islamista fue llevada a cabo principalmente por la estructura salafista Shariat. La efectividad de las fuerzas rusas y daguestaníes acabó con la mayor parte de los terroristas, si bien todavía existe actividad yihadista.13 Sin embargo, la república de Ingushetia, presidida por Murat Zyazikov, se ha convertido en la más peligrosa de todo el Cáucaso, con asesinatos, atentados y secuestros, que recuerdan a etapas ya superadas en Chechenia. Incluso en el 2007 llegó a calificarse la situación como de auténtica crisis.
Moscú deberá incrementar sus esfuerzos en Ingushetia. Para ello, será necesaria una reestructuración de las fuerzas policiales y militares ingushes, para, dentro de la más estricta observancia de los Derechos Humanos, acabar con la activa insurgencia yihadista en la zona.
Notas
1. Vídeo Russian Hell vol. 4. Este vídeo, también conocido como Jaheem ur Roos vol. 4. En la parte final de la grabación puede apreciarse una reunión en el bosque en la que se observa a dirigentes de Al Qaida junto a un Aslan Maskhadov que toma parte activa en la misma.
2. EUROPENEWS, “Dokku Umarov Declares The Islamic Emirate Of The Caucasus, Expands Jihad”, 4 de noviembre de 2007.
Disponible en: http://europenews.dk/en/node/2453
Esta es la versión original de la declaración del Emirato del Cáucaso. En el boletín semanal publicado por la Jamestown Foundation, con sede en Washington D.C., Chechnya Weekly, del 1 de noviembre de 2007, Vol. VIII. Issue 42, en el artículo escrito por SMIRNOV, Andrei, “Hill the Rebels Declare the “Caucasian Emirate”?”, se transcribe parte del texto original de una grabación radiofónica emitida por Dokku Umarov en Radio Marsho que concuerda exactamente con la referencia.
Fuente: http://www.jamestown.org/chechnya_weekly/article.php?issue_id=4283
Es necesario reseñar que la versión “supuestamente oficial de la declaración”, recogida
en el portal KavkazCenter, “The oficial version of Amir Dokka’s statement of declaration of the Caucasian Emirate”, 22 de noviembre de 2007.
Disponible en: http://www.kavkazcenter.com/eng/content/2007/11/22/9107.shtml
Aparece claramente modificada, eliminándose los términos América, Inglaterra e Israel.
3. EUROPENEWS, “Dokku Umarov Declares The Islamic Emirate Of The Caucasus, Expands Jihad”, 4 de noviembre de 2007.
Disponible en: http://europenews.dk/en/node/2453
4. Vídeo yihadista Russian Hell (Infierno ruso) Jaheem ur Roos volumen 4 parte 3, minuto 16, declaraciones del ciudadano saudí y líder de Al Qaida desde 2002 hasta su muerte en 2004, Abu Al Walid al-Ghamidi sobre Al Andalus.
5. KAVKAZCENTER “As a result of “telephone voting”, Zakayev has declared himself a “prime minister” of Ichkeria”, 25 de noviembre de 2007.
Disponible en: http://www.kavkazcenter.com/eng/content/2007/11/25/9115.shtml
6. KAVKAZCENTER, “Amir of the Caucasus Emirate abolishes the Cabinet of Ministres, the Parliament of the former C.R.I.”, 11 de diciembre de 2007.
El decreto (Omra) número 7 suprime la figura del presidente de la República de Ichkeria. El decreto (Omra) número 8 suprime el Consejo de Ministros y el Par-lamento de la República de Ichkeria.
Disponible en: http://www.kavkazcenter.com/eng/content/2007/12/11/9167.shtml
7. TSVETKOVA, Maria, “Priest accuses rebel envoy of abduction”, 18 de noviembre de 2002. Disponible en: http://www.gazeta.ru/2002/11/18/Priestaccuse.shtml
8. SIMONOV, Vladimir, “Zakaev como un obsequio al terrorismo interna-cional”, RIA Novosti. Disponible en: http://www.chile.mid.ru/0ld/chechenia/chech_notic/chech_notic_07.html
9. El Mundo del Siglo XXI, “Un juez británico impide la extradición de un líder checheno a Rusia por temor a que lo torturen”, 13 de noviembre de 2003.
Disponible en:
http://www.elmundo.es/elmundo/2003/11/13/internacional/1068720458.html
10. El Mundo del Siglo XXI, “Rusia entierra a sus 86 paracaidistas caídos “como héroes””. Disponible en: http://www.elmundo.es/2000/03/15/europa/15N0059.html
11. ALONSO MONTES, Ana, “Los servicios secretos alemanes colaboraron con los rusos en Chechenia”, El Mundo del siglo veintiuno, 9 de abril de 2000, pag. 34.
12. GOYTISOLO, Juan, 1996, Paisajes de guerra, Madrid, El País/Aguilar pag.315
Vídeos yihadistas Daghestan Dar Ul Harb volumen I y volumen II. Al visionar estas grabaciones, puede apreciarse que en realidad se trata de vídeos homenajes a los yihadistas de la estructura salafista Shariat, con vínculos directos a la red terrorista Al Qaida, muertos en enfrentamientos con las fuerzas de seguridad rusas.
Este reportaje, realizado por El Mundo TV reconstruye las horas previas a los atentados del 11-M y la persecución de los terroristas.
El reportaje está dirigido por Fernando Quintela (Director de El Mundo TV) y Miguel Courtois, director de la película EL LOBO.
Además, “11-M, historia de un atentado” reconstruye la persecución policial de los terroristas y el episodio ocurrido tres semanas después en Leganés, en el que varios terroristas se inmolaron llevándose por delante la vida del geo Francisco Javier Torronteras.
Además muestra vídeos en los que miembros de grupos islamistas llaman a la guerra santa en nombre de la religión, se muestra cómo es el entrenamiento militar de presuntos terroristas y cómo despiden sus 'compañeros' a los terroristas suicidas.
El reportaje cuenta con la colaboración de expertos en terrorismo islámico como Florentino Portero (miembro del Grupo de Estudios Estratégicos), Serafín Fanjul (catedrático de Árabe de la UAM), Rohan Gunaratna (el asesor de la ONU), el israelí Reuven Paz (director del Proyecto para la Investigación de los Movimientos Terroristas), o Bassam Tibi (catedrático de Relaciones Internacionales de Harvard).
El Mundo TV ha empleado cámara oculta para grabar la parte del reportaje referida a la conocida como 'trama asturiana', y recoger el testimonio de un miembro del Ministerio de Asuntos Religiosos de Marruecos que cuenta cómo se vivió en su país los ataques del 11 de marzo: "Nosotros, como musulmanes, nos alegramos".
eLink válido para eMule.: 11M - Historia de un Atentado - Primera Parte. 702,18 MB.
eLink válido para eMule.: 11M - Historia de un Atentado - Segunda Parte. 701,85 MB.
Por Carlos Echeverría Jesús.
Los grandes atentados suicidas que han golpeado a Argelia en los días 19 y 20 de agosto devuelven al país magrebí a los grandes titulares de los medios internacionales permitiendo atraer la atención sobre una realidad marcada por un terrorismo persistente, que ha seguido golpeando después de tales fechas de la misma forma en que lo hacía también antes y cuya experiencia es útil para todos en el marco de esa necesaria lucha global contra dicha modalidad del terrorismo.[1]
Atentados suicidas de siniestra perfección
La Escuela Superior de la Gendarmería Nacional, en la localidad de Les Issers, 55 kilómetros al este de Argel, era el 19 de agosto escenario del peor atentado suicida realizado desde enero de 2007, fecha en la que el Grupo Salafista para la Predicación y el Combate (GSPC) se transformó oficialmente en unas nuevas siglas, Al Qaida en las Tierras del Magreb Islámico (AQMI), llamadas a hacer más letal, más extendido y más eficaz el combate yihadista salafista contra el Estado apóstata argelino y sus apoyos en la sociedad extendiéndolo a todo el espacio magrebí-saheliano y al resto del mundo.[2] Con un saldo de 43 muertos y de 45 heridos, el suicida que actuó en Les Issers siguió la estela de otros que habían golpeado previamente y precedió tan sólo en unas horas a los suicidas que al día siguiente, el 20 de agosto, hacían estallar dos vehículos cargados de explosivos en Bouira, también en la Cabilia, provocando 11 muertos y 31 heridos en sendos ataques contra un cuartel del Ejército y contra un autobús de trabajadores de la empresa canadiense SNC Lavalin.[3]
Aunque los balances siempre obligados indican que el terrorismo se he reducido en el primer semestre del presente año respecto al mismo período del año anterior, y permite argumentar a las autoridades del país que su política antiterrorista funciona pues reduce tanto el reclutamiento de terroristas como sus acciones, lo que nos importa aquí es la visión de Argelia como escenario de execrables atentados suicidas producidos en el sensible Magreb y a las puertas de Europa por una franquicia de la red terrorista que nos fija como objetivos a todos, y en particular y si atendemos a sus incendiarios mensajes a los españoles.
Desde que Al Qaida pusiera ya claramente su imagen de marca al terrorismo perpetrado en suelo argelino se han producido los siguientes atentados suicidas, a añadir a los anteriormente citados: el 11 de abril de 2007 dos atentados suicidas provocaban 33 muertos en Argel, uno contra la sede del Primer Ministro y el otro contra una comisaría; el 11 de julio, otro suicida provocaba la muerte de 12 militares en un ataque contra un cuartel en Lakdharia; el 6 de septiembre un suicida provocaba 25 muertos y 172 heridos al intentar asesinar al Presidente Abdelaziz Buteflika;[4] el 8 de septiembre un suicida penetraba con un vehículo en un acuartelamiento de la Marina Nacional en Dellys y provocaba 32 muertos y 45 heridos; el 11 de diciembre dos ataques suicidas simultáneos provocaban 41 muertos en Argel, en ataques contra un edificio que albergaba representaciones de diversas agencias especializadas de la ONU - 17 trabajadores de varias de estas agencias (PNUD, UNICEF, PMA, etc) murieron - y contra la sede del Consejo Constitucional; y el pasado 10 de agosto un suicida provocaba 8 muertos y 19 heridos en un ataque contra un acuertelamiento de la Gendarmería Nacional en Zemmouri El Bahri y en la tarde del mismo día otro atacó un puesto de la Gendarmería hiriendo a tres agentes en la playa de Tigzirt.[5] El 3 de agosto otro atentado suicida, dirigido contra una comisaría en Tizi Uzu, había provocado 25 heridos. Junto a ellos cabría citar, como siempre, los atentados suicidas evitados o que no provocaron el número de víctimas que hubieran podido provocar, carnicerías semejantes a las antes citadas o incluso peores. De estos últimos destacaremos el que iba a tener como objetivo un acuartelamiento de la Guardia Republicana en Borj El Kiffan el 4 de junio, cuando dos terroristas suicidas fueron descubiertos antes de llevar a término sus planes y en la refriega con ellos se produjeron tres muertos sin incluir a los terroristas, o el producido el 23 de julio por un suicida en moto que provocó heridas a 13 militares en su ataque contra un convoy del Ejército en las afueras de Lakhdaria, no habiéndose producido mayores daños porque no estalló una segunda bomba que el terrorista portaba.[6]
Sedes de la Gendarmería Nacional, de la Guardia Republicana, de la Policía o de la Marina Nacional, el cortejo del Presidente Buteflika, la sede del Primer Ministro, oficinas de agencias de la ONU, la sede del Consejo Constitucional o columnas del Ejército, todos ellos objetivos aparentemente “de guerra” por ser instituciones políticas o de seguridad, que llevan a algunos despistados a creer que quienes cometen estas tropelías están librando una guerra contra el Estado argelino y sus valedores internacionales. Entre estos últimos objetivos pero fuera ya de la dinámica de los ataques suicidas podríamos incluir el creciente número de ataques contra trabajadores de empresas extranjeras - la empresa canadiense SNC Lavalin atacada el 20 de agosto está construyendo una presa en el noroeste de la Cabilia - o de compañías estratégicas como Sonatrach, destinados todos ellos a hacer perder a Argelia la confianza de sus socios extranjeros y a destruir una economía excesivamente dependiente del exterior por su monocultivo energético. En la misma línea de intentar romper la confianza y el apoyo extranjero a las autoridades argelinas se situarían los atentados cometidos en octubre de 2007 contra un autobús de trabajadores de la compañía francesa Razel, en una carretera conectando Lakhdaria con Maâlla, que provocó varios heridos entre los gendarmes que lo escoltaban y a dos franceses y un italiano, o el realizado el pasado 8 de junio en Beni Amrane, cerca de Boumerdès, contra técnicos franceses de la compañía de infraestructuras BTP Razel que le costó la vida a uno de sus ingenieros y a su chófer.[7] Ninguna de estas actividades puramente terroristas debería ser vista como manifestación de la lucha contra un régimen represor, error este en el que a veces caen ciertos iluminados dando legitimidad a un activismo yihadista salafista de matriz argelina que sigue siendo extremadamente letal y que está extendido a lo largo y ancho del mundo.
Enfrentamientos armados, atentados clásicos continuos y creciente criminalidad ligada al terrorismo yihadista
El 8 de agosto el Ejército acabó en una emboscada con 12 terroristas en Aït Khelfoin, a 25 kilómetros de Tizi Uzu, capital de la Cabilia, interviniendo abundante armamento incluyendo fusiles Seminov y Kalashnikov y granadas.[8] El 14 de agosto el Jefe del Sector Militar de Jijel, Abdelkader Yamani, moría asesinado junto con su chófer. El 17 de agosto los terroristas mataron a 12 personas, la mayoría policías, en una emboscada en Skikda. Por supuesto que tal realidad dista mucho de la de los años más trágicos del terrorismo hace una década, cuando en una matanza nocturna podían ser pasadas a cuchillo centenares de personas, o cuando los falsos controles montados por los terroristas eran habituales y la lista de muertos interminable, pero también deberían de reconocer las autoridades argelinas que la situación a día de hoy, con el susodicho botón de muestra para el corriente mes de agosto, dista mucho de ser la propia de una situación normalizada. Pero reconocer tal cosa sería cuestionar las líneas maestras de la política antiterrorista de los últimos años que, junto al necesario uso de la fuerza policial e incluso militar, combina medidas de gracia cuya eficacia cuestionan no pocos tanto dentro como fuera del país.
Los bailes de cifras no sólo afectan a atentados - 9 muertos en julio, 27 en junio o 15 en mayo - y a operaciones antiterroristas sino también a las estimaciones de cuántos terroristas permanecen activos operando bajo las siglas AQMI. Las primeras suelen inventariarse de fuentes de prensa ya que las autoridades no hacen públicas cifras ni tampoco informan de los heridos que tras los atentados mueren en los hospitales. Frente a los escasos datos procedentes de fuentes gubernamentales, que en ocasiones citan cifras optimistas (400 activistas y bajando) en declaraciones de su Ministro de Interior, los medios de comunicación nacionales y extranjeros - aludiendo a veces a fuentes de inteligencia - los cifran entre los 500 y los 1.000 siendo esta última cifra, el millar, la que daba hace cuatro años el hoy Primer Ministro Ahmed Ouyahia.[9] Las citas triunfalistas de las autoridades van desde la lapidaria frase pronunciada por Alí Tounsi, Director General de Seguridad Nacional (DGSN), precisamente en el castigado Bumerdès el 15 de julio, cuando durante el acto de promoción de 18 cuadros de la policía al rango de oficiales, inspectores y comisarios afirmaba textualmente: “Estamos en fase de exterminar a las hordas terroristas que han castigado al país desde hace 17 años”, hasta las declaraciones del Ministro de Interior, Noureddine Yazid Zerhouni el mismo día refiriéndose a la situación de la seguridad: “Hay menos de 400 terroristas en las montañas”.[10] Aunque Alí Tounsi no hizo referencia alguna a las pretendidas bondades de la Carta por la Paz y por la Reconciliación Nacional a la que sí suelen referirse siempre los Ministros o el Presidente de la República, e incluso citó a los terroristas no sólo como miembros del ex-GSPC sino también como “fieles a Al Qaida desde septiembre de 2006”, sí pecó de excesos a la hora de calificar a dicho terrorismo de “residual” y de anunciar su fin próximo.[11] Aparte de esto, los defensores de la aplicación de medidas de gracia recuerdan que estas están provocando rendiciones aunque no aportan cifras concretas de las mismas.
En realidad, si atendemos tanto a las visitas de cargos públicos competentes en materia de seguridad y defensa como a las declaraciones de políticos nacionales y locales podemos comprobar cómo la inseguridad en general - incluyendo al terrorismo pero también a la gran y pequeña delincuencia - constituye una de las principales preocupaciones de los ciudadanos argelinos. La reunión el 16 de julio del Primer Ministro, Ahmed Ouyahia, con el Director de la DGSN y con el General Mayor Ahmed Boustila, Comandante de la Gendarmería Nacional, o la visita el 21 de julio del Jefe de Estado Mayor de la Defensa, el General Ahmed Gaïd-Salah, a la Wilaya (provincia) de Constantina, cabeza de la V Región Militar y zona fuertemente golpeada por el terrorismo en los últimos tiempos, atestiguan esta preocupación así como el compromiso del actual Primer Ministro con la idea de responder con decisión al terrorismo.[12] En la región de Boumerdès el creciente número de secuestros, de impuestos “islámicos” aplicados por falanges terroristas sobre campesinos, hombres de negocios y habitantes de suburbios de las ciudades, los robos en comercios y los falsos controles en carreteras secundarias en los que se desvalija a los conductores permite a estas continuar su actividad terrorista.[13] En otros lugares, como la Wilaya de Bejaia, son la producción y el tráfico de drogas las actividades delincuenciales en aumento en las que algunos ven a los terroristas yihadistas como posibles beneficiarios, máxime en la región de Toudja donde la producción de cannabis en zonas aisladas y afectadas por el terrorismo y el bandidismo están haciendo de la provincia la primera productora del país de kif.[14]
Frente a las aseveraciones sobre el carácter residual del terrorismo yihadista salafista en Argelia se imponen no sólo la realidad de atentados sofisticados como los citados sino también el simple inventario del activismo terrorista en las diversas regiones de Argelia, recogiendo en este estudio algunos ejemplos de estimaciones o de detenciones que se produjeron precisamente en las mismas fechas en las que algunas de estas declaraciones triunfalistas eran realizadas. Junto a una bolsa de más de 70 terroristas confirmada en la región de Jijel, que se manifiesta cotidianamente en forma de asaltos y robos a la ciudadanía; la de una cincuentena en la región de Constantina, en busca y captura y a la que se le intervienen armas; la de una treintena en la región de Skikda que se habría infiltrado en la región de Jijel; y referencias similares para otras regiones y en especial para la Cabilia los cálculos más pesimistas sobre la envergadura de la amenaza son los que se imponen finalmente. En Bir El Ater, a 100 de Tebessa y en una región próxima a la frontera tunecina, el 16 de julio eran detenidos 7 individuos vinculados a actividades terroristas en una región extremadamente sensible desde hace largos años.[15]
El mundo reconoce la experiencia argelina en la lucha contra Al Qaida
Más allá del debate interminable sobre la conveniencia o no de aplicar medidas de gracia o sobre el balance de la lucha antiterrorista sobre el terreno es preciso señalar que Argelia ofrece una experiencia vivida de lucha contra el terrorismo global de carácter yihadista salafista, habiendo sido uno de los primeros países - junto con otros como Egipto y Túnez - en llamar la atención del mundo al respecto y, todo hay que decirlo, con escaso éxito, allá por los primeros años noventa. Hoy su papel internacional interesa a todos, dada tanto la realidad de sus numerosos activistas ubicables en lugares como Irak, como sus redes en Europa y en el Sahel. Actualmente quedan en Guantánamo 17 argelinos, tras la entrega este verano por las autoridades estadounidenses a Argelia de dos presos - Hamlili Ahmed Mustapha y Haouari Abderrahmane - que llevaban allí internados desde hacía seis años. Entre los 17 restantes 6 de ellos son ciudadanos bosnio-argelinos, hecho este que evoca también la ubicuidad de los yihadistas argelinos en los años noventa.[16]
Organizado por la ONU tenía lugar en Argel, en los días 21 y 22 de julio, un taller de formación sobre las sanciones aprobadas por esta Organización contra Al Qaida y los talibán y establecidas por la Resolución 1267 del Consejo de Seguridad de la ONU en 1999. Esta resolución fue aprobada en el marco del Capítulo VII de la Carta tras los atentados de la red de Osama Bin Laden contra las Embajadas de los EEUU en Kenia y Tanzania, en 1998. El Comité de Sanciones contra la red terrorista y contra el régimen talibán creado por dicha resolución amplió sus acciones tras el 11-S y actualiza anualmente una lista que cuenta con 142 individuos ligados a los talibán, otros 242 vinculados a actividades terroristas y 113 grupos ligados a Al Qaida. El pasado 3 de julio los nombres de otros cuatro terroristas argelinos entraban en dicha lista: Saleh Gacemi, natural de Biskra y responsable del Comité de Información de AQMI; Yahia Djouadi (alias Abu Ammar), natural de Touggourt y jefe de organización de AQMI en la zona saheliana; Ahmed Deghedegh (alias Abdelhalim Ramadna), natural de Biskra y responsable financiero de AQMI; y Abid Hamadou (alias Abu Zeid), considerado el emir del grupo que, basado presuntamente en Malí, actuaría en la región del Sahel y al que se considera responsable del secuestro, realizado este invierno en Túnez y reivindicado por AQMI, de dos turistas austríacos que aún no han sido liberados.[17]
Como país productor de hidrocarburos, Argelia es objetivo preferente de la estrategia de Al Qaida destinada a dañar el tejido productivo de los exportadores de crudo y de gas. Es destacable que Argelia ha sufrido ataques en años pasados dirigidos contra sus redes de oleoductos y gasoductos, aunque ninguno destacó por tener un gran impacto negativo en la actividad productiva y exportadora argelina, pero es ahora que comienza a vislumbrarse una estrategia terrorista centrada en dañar a las compañías nacionales y extranjeras trabajando en dicho sector en Argelia y otros países productores desde que, en 2005, Al Qaida “central” dictara órdenes a sus seguidores para que golpeen con toda su fuerza dichos sectores en su intento de destruir a los Estados apóstatas y a sus valedores infieles. Tales ataques, que se han verificado recientemente en atentados contra trabajadores de compañías estadounidenses y rusas del sector, en 2006 y 2007, o en atentados directos contra gasoductos,[18] ha llevado a las autoridades argelinas a reforzar la seguridad de dichos tendidos firmando contratos con compañías de seguridad extranjeras como la francesa “Thales”.[19]
Importante también desde el punto de vista internacional es la experiencia argelina a la hora de intentar controlar las actividades de sus nacionales como terroristas en el extranjero así como la circulación ilegal de terroristas en el profundo sur argelino. Largamente conocida la actividad de terroristas argelinos en escenarios lejanos como Afganistán o Irak esta sigue siendo una cuestión muy de actualidad. El 23 de julio eran detenidos cinco terroristas en Blida cuando realizaban preparativos para trasladarse a Irak.[20] Respecto a las fronteras meridionales, este enorme desafío lleva a las autoridades argelinas a establecer vínculos tan variados como son los establecidos con los EEUU a través de la Iniciativa Pan Sahel, primero, y de la Iniciativa Trans-Sahariana Contraterrorista después, o a los desarrollados con países sahelianos como Malí o Níger.[21] Con tal fin una delegación militar argelina visitaba Bamako entre el 14 y el 16 de julio con vistas a organizar los detalles técnicos de las patrullas argelino-malienses que se empiezan a desplegar.[22] La aproximación entre estos dos países, que han logrado avances importantes en la gestión de la cuestión Tuareg, se extiende también a sus vecinos Níger y Mauritania en una creciente aproximación común a los diversos problemas que afectan a la región saheliana.
Carlos Echeverría Jesús, es Profesor de Relaciones Internacionales de la UNED y responsable de la Sección Observatorio del Islam de la revista mensual War Heat Internacional. Ha trabajado en diversas organizaciones internacionales (UEO, UE y OTAN) y entre 2003 y 2004 fue Coordinador en España del Proyecto "Undestanding Terrorism" financiado por el Departamento de Defensa de los EEUU a través del Institute for Defense Analysis (IDA).
Notas
[1]Sobre las dinámicas del terrorismo suicida véase el interesante estudio de Michael HOROWITZ. The History and Future of Suicide Terrorism Foreign Policy Research Institute E-Notes, 4 agosto 2008, en
Nuevo Cuaderno de Estrategía, editado por el Ministerio de Defensa Español, y en el que han colaborado importantes personalidades del Ejército Español, de la diplomacia y del mundo académico.
SUMARIO:
INTRODUCCIÓN: por Eudaldo Mirapeix Martínez.
Capítulo I
ESTADOS UNIDOS, EUROPA Y EL MEDITERRÁNEO.
Por Elvira Sánchez Mateos.
Capítulo II
LA PAZ ÁRABE-ISRAELÍ, CLAVE DE LA SEGURIDAD EURO-MEDITERRÁNEA.
Por Jesús A. Núñez Villaverde.
Capítulo III
HACIA UN NUEVO ORDEN MUNDIAL BASADO EN LA GEOGRAFÍA.
CONSIDERACIONES CONCEPTUALES PARA LAS RELACIONES EURO-
MEDITERRÁNEAS.
Por Alejandro V. Lorca Corróns.
Capítulo IV
LOS DIÁLOGOS MEDITERRÁNEOS EN LA ARQUITECTURA DE SEGURIDAD EUROPEA.
Por María Angustias Caracuel Raya.
Capítulo V
DILEMAS DE LA PESC Y DE LA POLÍTICA EXTERIOR ESPAÑOLA: EL CASO DE LAS RELACIONES HISPANO-MARROQUÍES.
Por Carlos Jiménez Piernas.
Capítulo VI
EL ISLAM POLÍTICO EN TURQUÍA: UNA APROXIMACIÓN DESDE EL DEBATE SOBRE EL DECLIVE DEL ISLAMISMO
Por Laura Feliu Martínez.
Capítulo VII
TURQUÍA Y EL DIÁLOGO DE CULTURAS EN EL MEDITERRÁNEO
Por María Dolores Algora Weber.
Capítulo VIII
LA INICIATIVA PARA UNA NUEVA VECINDAD: LA DIMENSIÓN
MEDITERRÁNEA
Por Fidel Sendagorta.
Capítulo IX
CONCLUSIONES.
PDF en descarga directa.: El Mediterráneo en el nuevo entorno estratégico 1,95 MB.
Por Juan F. Benemelis
¿Es el Islam un credo religioso más "primitivo" que el cristianismo y el judaísmo?
¿Cómo es posible que la otrora esplendorosa civilización islámica hoy se presente con el Talibán afgano o el Imanato yemenita como la más intransigente?
Desde los tiempos de la formulación del primer proyecto pan-helenista de la historia en el siglo V a. de C., por el estadista ateniense Pericles (495-429 BC), el mundo antiguo articulado en torno al mar Mediterráneo mantuvo una unidad cultural y espiritual por encima de los sistemas de gobierno o de los pueblos que ejercieron su hegemonía en ese entorno. A diferencia de las incursiones de los pueblos germánicos y eslavos en el imperio romano, las invasiones árabes causaron una quiebra cultural y espiritual que aún perduran. Al desplazar al cristianismo de todo el mundo extra-europeo, los árabes provocaron el quebrantamiento espiritual del mundo Mediterráneo, una ruptura que ha perdurado hasta el presente. Tres imposiciones por la fuerza resultaron decisivas para conformar lo que hoy conocemos todavía como mundo islámico: el idioma árabe, la religión, y el derecho religioso (sharia).
Las potencias europeas actuaron con gran rudeza ante cualquier posibilidad de cimentar un bloque regional en el espacio norteafricano o medio-oriental, que pudiese sustraer la región a su influencia, desconfianza que aún emponzoña las relaciones entre ambas orillas mediterráneas. Pero tal proyecto, de superar el traumatismo producido por la desaparición del Imperio Otomano tratando de reconstituir la unidad de objetivos en esta frágil región, no fue bloqueado sólo por la acción europea, el mundo árabe de por sí estaba saturado de pugnas y divisiones que impedían su realización. Por eso es falso presentar la oposición a Occidente como una voluntad de lograr las posibilidades de progreso negadas.
La unidad de su mundo es tan ficticia como la de su credo; no hay por consiguiente una nación islámica, o árabe, como no hay una cristiana. Allí, la familia, el clan y los intereses tribales siempre preceden a la nación. En los países islámicos los ministros y parlamentarios no son como los de Occidente; aquí resultan meras tuercas burocráticas, instrumentos pasivos del Estado. Los verdaderos rectores de los resortes del poder resultan los miembros de las familias gobernantes, ya se trate de clanes reales (saudita, kuwaití, qatarí, marroquí, etcétera) o presidenciales (egipcia, Libia, tunecina, yemení, Siria, etcétera). Es la parentela de los gobernantes y no los políticos, la que detenta el poder y se apropia de una gran tajada de los ingresos del Estado.
Por eso no es posible aprehender la profunda huella del tribalismo en el comportamiento político del actual Medio Oriente de no analizarse tal fenómeno desde sus orígenes más puros con el nomadismo beduino.
Una sociedad arcaica donde cada tribu asume la ley natural de sobrevivir a expensas del más débil, en la cual no existen mediadores externos o gobiernos que apliquen la ley, y donde el perjudicado se erige en juez y en ejecutor, y se define por este viejo proverbio árabe: "Yo y mi hermano contra mi primo; yo, mi hermano y mi primo contra el vecino; yo, mi hermano, mi primo y mi vecino contra el forastero" (Friedman, 1990, 88). Así, la fe islámica surgió en una región que no contaba con estructuras estatales, sino tribales, llevando a que el debate sobre si el Islam es una religión o una política se mantuviese durante siglos y se re-planteara en la actualidad.
Para los pensadores musulmanes menos ortodoxos, es claro que se trata de un mensaje divino, de una religión y no de un sistema de gobierno o un Estado. Para numerosos creyentes, la ley islámica forma parte de la religión, tiene una instancia divina. La solución final que se adopte en esta delicada cuestión es decisiva para poder laicizar la sociedad musulmana, presupuesto casi indispensable para que se puedan respetar todos los derechos y libertades individuales.
Una de las falacias extendidas es la de identificar la etnia árabe con la civilización islámica. La horda maraudina que acompañó a Mahoma quedó en el camino, disolviéndose en las urbes que brotaban de Córdoba a Samarcanda. Y como demuestra la historia de los diferentes califatos, la unidad "árabe" es una retórica, al punto que las diferencias étnicas entre un marroquí y un egipcio, o entre un yemenita y un tunecino, o un persa y un sudanés son tan grandes como entre los portugueses y los eslavos.
El fracaso de la ideología estatista con su fachada de pluralismo, en su tentativa de reedificar la nación en torno suyo, con su estructura represiva y autoridad coercitiva, no sólo provocó una crisis política e ideológica, sino de identidad descomponiendo el tejido social nacional. La élite política sacralizada en castas cerradas, en su incapacidad material y objetiva de salir del atolladero, propició el ascenso de las solidaridades clánicas, confesionales y tribales. Así, se generalizaron las contradicciones entre los nuevos países árabes, cuyo único punto de unión resultó el problema de seguridad que representaba Israel.
Egipto ha sido el rival histórico tradicional de Irak, por la dirección del mundo islámico. Pero, a partir del ayatolá Jomeini, el cetro fue retado por tendencias fundamentalistas. Ben Laden es el último de los que, como Sadam Husein, Gadafi, Mubarak y el-Asad, han reclamado el manto del mundo árabe detentado por el egipcio Nasser: luchar contra la dominación extranjera y arrojar al mar a Israel, y "defender" a los árabes pobres ante las oligarquías del Golfo, cuyas naciones califican de "pozos petroleros con bandera".
De esta manera, lo que mueve a Siria en el valle del Bekaá no es su solidaridad con los palestinos, sino el control de los puertos libaneses y la vieja aspiración de reconstruir la Gran Siria con parte del Líbano e Israel. El iraquí Sadam Husein no declaró la guerra al Irán y a Kuwait por mero ejercicio militar, sino buscando desesperadamente una salida al Golfo Persa. La teocracia iraní abrigaba también los designios de tragarse a los liliputienses emiratos petroleros del Golfo; y la Libia de Gadafi ha soñado lo mismo con el norte del Chad. Esas trágicas andanzas ilustran el aprieto de configurar una estructura estatal, geográfica y socialmente estable sobre las humeantes ruinas de los imperios coloniales.
No puede entenderse el quehacer político del área y la comparecencia de grupos terroristas, sus vinculaciones y filosofías sin ubicar en un plano trascendente la dinámica de los clanes familiares, las vinculaciones de sangre dentro de cualquier organización. Un análisis, país por país y movimiento por movimiento, no escapa a este elemento clave. Las brutales dictaduras militares del clan Tikrit de Sadam Husein en Irak y del clan alawita, del mandatario Hafez El-Asad en Siria, por ejemplo, están legitimadas por clanes devenidos en plutocracias familiares. Los clanes talibanes están relacionados entre sí. Así, "Laden" es un clan prominente de la provincia del Hadramut en Yemen, que traza su genealogía hasta los días del Profeta, ingrediente que le concede una aureola de "autenticidad" explotada por Ben Laden que prescinde ex profeso de su nombre y asume el de su clan.
Ésta comparación siempre tendrá visos éticos y morales y es blanco de los ayatolá iraníes, los imanes yemenitas, los del Talibán afgano y de Ben Laden. Sin embargo, no hace justicia a la habilidad financiera de los jeques petroleros del Golfo, pues un país como la Libia de Gadafi, repleta del oro negro, está hundido en la penuria. Así también, el modelo de "socialismo árabe", inventado por Nasser-Sadat y aplicado a diestra y siniestra, ha transformado tales economías en "elefantes burocráticos".
El llamado panarabismo sólo trajo violentos resentimientos, el más candente de ellos ha sido el duelo con Israel, que se ha tomado como un "insulto" del Occidente. Con las guerras del Golfo primero, y la actual campaña contra el terrorismo, esta porción del planeta afronta una transición capital, en la cual un grupo de países con amplia diversidad de intereses, donde la visión totalitaria, a lo Sadam Husein entra en declive -Pakistán y Arabia Saudita, por ejemplo-, se ven obligados a la búsqueda de nuevas ideas y estructuras políticas a la vez que coquetean con ciertas modalidades del fundamentalismo islámico.
Presentar cualquier conflicto intra-islámico como un diferendo de malos y buenos es demasiado simplista. No puede perderse de vista que, con la actual alineación (que se inició con la guerra del Golfo y se expresó en la última reunión pan-islámica), los "árabes" básicamente se enfrentan a ellos mismos, en una violenta crisis de identidad, donde varios mitos se evaporan, y se pone fin a la idea ilusoria de que las crisis del área (Palestina, el fundamentalismo, Darfur en Sudán) pueden solucionarse dentro del mundo islámico; y el resquebrajamiento de la primitiva práctica de presentar una sola cara hacia el mundo no islamizado.
La multiplicidad de pueblos del área simplemente complica el que se alcance un margen de conformidad necesario para ese prototipo de política. Anómalo resulta el clan o secta que de forma espontánea se subordine a otra, e inconcebible aún el poblado o ciudad que voluntariamente ceda al control de una región, o viceversa.
La estructura del poder en el mundo árabe es de carácter dictatorial y absolutista, de regímenes aislados de la sociedad. El golpe de Estado sería táctica de cambio de las élites militares, auto-tituladas de "progresistas" como fue el caso de Egipto, Irak, Yemen, Sudán, Siria y Libia. La Revolución argelina de 1962 consolidó la visión pan-arabista y africanista. Las monarquías tribales, como Jordania, Arabia Saudita, Marruecos y el Golfo Arábigo quedaron arrinconadas y sólo Túnez, con su partido único, pudo afrontar este intento de una experiencia original de socialismo árabe: "La ausencia de mecanismos de alternancia en el poder, el monopolio de las palancas de mando por élites frecuentemente inmorales e incompetentes, la falta de libertades públicas, la violación trivializada de los derechos humanos, la censura política e intelectual ejercida por las autoridades, el poder personal, la confusión cada vez más flagrante entre el Estado y el partido único o la tribu, la generalización de los sistemas de arbitrariedad política y jurídica, discriminación abierta y represión colectiva, son fenómenos corrientes que no se escapan al observador" (Lufti el-Juli (ed.): El callejón sin salida árabe ob. cit.).
Estas sociedades, por tanto, no han logrado una evolución independiente ni han logrado integrarse en el mercado mundial, condenadas a seguir bajo una modalidad totalitaria (Samir Amín & Faycal Yachir: El Mediterráneo en el mundo La aventura de la transnacionalización, Madrid, IEPALA Editorial, 1989). La competencia por el poder tiene lugar en el seno de una sociedad fragmentada y por la caída de las élites tradicionales de tendencias modernistas durante la época colonial, pero insensibles a las aspiraciones populares y su posterior sustitución por las élites tribales rurales (Samir Amín: La desconexión. Hacia un sistema mundial policéntrico. Madrid). A pesar del empleo de la religión islámica contra la ocupación colonial europea, las élites políticas (como el Baas, el FNL argelino) mostraron una duplicidad en su argumentación al asociar la laicidad.
A veces el grupo en el poder responde a una tribu como la monarquía beduina jordana, o los emiratos del Golfo; o a un clan como la brutal dictadura militar de los alawita de Siria o los maronitas del Líbano; o las vinculaciones de maridaje entre de los clanes del Talibán; o una secta religiosa como los wahabitas de Arabia Saudita, o el mahdismo sudanés, o el imanato de Yemen; o es la plutocracia familiar de una localidad como la de Tikrit de Sadam Husein en Irak; o de una región como los de las planicies costeras en Argelia o el sur de Paquistán. En ocasiones resulta la cofradía de una barriada como la falange cristiana de Gemayel en Líbano; o compañeros de una unidad militar como el Egipto de Nasser, el Irak del general Karim Kassem, o la Libia de Muamar Gadafi; y en otros casos se trata de una combinación de los patrones anteriores. Lo que todos tienen en común es que sus miembros están hermanados por un espíritu de solidaridad y de cuerpo, de total obligación y lealtad mutua que toma precedencia por sobre la fidelidad a una más amplia comunidad nacional, incluyendo la del Estado-nación.
Hoy existen gobiernos de oligarquías regionales cerradas al resto de la población en Líbano, Jordania, Siria, Israel, Kuwait, Arabia Saudita, Irak, Paquistán. Cuando se proclaman términos como árabe, libanés, judío, palestino, sirio, afgano no se habla de entidades estables, sino de interpretaciones altamente volátiles y sujetas a disímiles definiciones, de dominios políticos con bases movedizas. La violencia, así, ha sido el único resorte para la entronización de los cambios, y esta añeja tradición autoritaria en la política islámica está empalmada con la persistencia de las afiliaciones tribales.
La pauta será la de tribus o grupos castrenses que se imponen ejercitando su poderío físico sobre clanes, tribus y ciudades de otras comarcas, en cuyo caso la tutela impuesta desde arriba por antonomasia es autoritaria, con una infranqueable laguna entre cabecilla y sujeto, pues el caudillo siempre será un extraño, alguien temible, motivo de revueltas, y raramente reverenciado.
Así los anales de la zona estarán repletos de querellas de un elevado nivel de brutalidad y encarnizamiento entre las cuales la Palestina-israelí es un elegante duelo de gentilhombres si se compara con el genocidio armenio por parte de los turcos a principios del siglo XX que casi aniquila a esa nación; el sanguinario golpe de Estado contra el régimen militar de Karim Kassem con su casi millón de muertos; la incruenta contienda civil en Yemen del norte en la década sesenta; la guerra civil libanesa en las décadas setenta y ochenta. A esta situación también se inscriben la cruzada anti-soviética en Afganistán que desembocó en una guerra civil creando un caos social, el saqueo y pillaje tribal de las cuales emergió la noche tenebrosa del Talibán; las masacres de kurdos por parte de los musulmanes iraquíes y de los turcos; la inmolación en masa de las "turbas divinas" del ayatolá Jomeini en el frente de batalla con Irak; la total extirpación de la ciudad de Hama por parte del sirio Hafez el-Asad; las carnicerías de cristianos sureños sudaneses a manos del gobierno musulmán del norte; la enrevesada guerra incivil de Somalia; la jihad santa de los fundamentalistas argelinos con su degolladero de mujeres y niñas.
El autoritarismo ha trascendido a la actual contemporaneidad del Medio Oriente. En los países islámicos más homogéneos -Egipto y Túnez-, y en aquellos como las monarquías de Jordania, Marruecos, Arabia Saudita, Omán, o en los emiratos del Golfo, los gobernantes disfrutan de un alto grado de anuencia. Este margen de legitimidad permite que la espada, si bien latente, se halle envainada, que se reparta poder, se tolere alguna libertad de prensa y de expresión y se construya una atmósfera algo más relajada, entre tanto no se cuestione al autócrata. Sin embargo, en aquellos países islámicos donde las sociedades se hallan altamente fragmentadas entre diversas sectas, clanes, ciudades y tribus, y donde el manejo gubernamental moderno no ha ganado autenticidad (Siria, Irak, Líbano, Yemen, Sudán, Somalia) se testimonia el perfil más descarnado y cruel de práctica autoritaria. Aquí la sobriedad y la magnanimidad son artículos de lujo y los magistrados no se hallan resguardados en sus sillones. Lo que hace más peligroso a estos autoritarismos es que responden con armamentos devastadores.
Hay que utilizar con extrema precaución la noción de minoría, pues aquí se trata mucho más de una noción cultural, que quiere desarrollar el reconocimiento y el respeto de las diferencias, que de un concepto operatorio para un análisis sociopolítico. Sobre todo hay que disociar este concepto de minoría de su utilización clásica en Europa. En efecto, es tan aberrante hablar de una minoría berebere en el norte de África como de una minoría kurda en Irak. En el primer caso, se trata del pueblo árabe mismo, a condición de no concebir lo árabe como una adhesión étnica, sino política y cultural; en el segundo caso, de un pueblo repartido entre diferentes Estados de la región. Lo mismo ocurre con las minorías religiosas, ya que tampoco en este caso puede borrar una diferencia de religión los múltiples vínculos de identidad culturales y las afinidades políticas y antropológicas.
En el Sudán, el nacionalismo local es una conquista del fundamentalismo mahdista del siglo XIX. En el Asia arabizada, la historia del nacionalismo en el Golfo es la de la instalación de las actuales dinastías, mientras que en Irak, Siria y Palestina, los nacionalismos locales se asimilan totalmente al árabe, lo que explica su dificultad en identificarse y en reconocer sus particularismos, y lo que hace difícil la elaboración de una política regional realista o coherente.
En términos generales es la tesis de todos los movimientos islamistas, que hacen hincapié en la soberanía divina en oposición a la soberanía humana. Otras interpretaciones más ideológicas ven el origen de esta estructura despótica del poder en el método escolástico y estereotipado de la interpretación coránica. Esta tradición creó una cultura política cerrada a todo diálogo posible y que no acepta la diferencia. Por eso consideran que la solución radica es la construcción de una nueva interpretación abierta, adaptada a los datos de la ciencia moderna y a los valores de la modernidad.
La politización del Islam ha dado fin a la devoción real. La traba cardinal de este mundo islámico abrumado por la violencia no es Israel, sino el autoritarismo que ha estancado sus economías, y la ausencia de creatividad y educación científica y filosófica. Así se desgarraría el área en contiendas tribales como las del Yemen o Afganistán, o la de los kurdos que nunca se sometieron a Turquía, al Irán o al Irak; se precipitarían golpes militares a lo Nasser, Gadafi, Husein y del general paquistaní Pervez Musharraf; se daría pie a turbulentas relaciones fronterizas como las de Marruecos y Argelia, las de Turquía con Irán, las de Irak con Kuwait y con Arabia Saudita.
Del mismo modo las administraciones coloniales y las élites "occidentalizadas" impusieron las instituciones políticas de la democracia liberal en cada uno de tales estados, incluyendo parlamentos, constituciones, himnos nacionales, partidos políticos y gabinetes ministeriales. El trauma consistió en que los poderes imperiales abandonaron la zona previo a que tales estructuras pudieran enraizarse, y antes de que esas sociedades experimentasen las reformas económicas, políticas y sociales necesarias para conferir algún sentido a las mismas. Por eso allí no imperan las "partidocracias" al estilo Occidental, pese al Neo-Destour tunecino o el Baas sirio-iraquí. En los años subsiguientes a la descolonización el mundo islámico repudió tanto al socialismo como a la democracia, tildándolas de ideas foráneas.
Es cierto que los creyentes musulmanes nunca perdonaron al turco Kemal Atatürk el haber abolido el califato para establecer una república tipo occidental, y por eso su busto se mantiene en algunas escuelas coránicas con el solo objeto de que los estudiantes puedan escupirla. La caída del califato, sin dudas, precipitó al mundo musulmán a un periodo de gran desorientación y divisiones. Por otra parte el Occidente aún ve al Medio Oriente en términos de estrategia y recursos energéticos. No existe una misión de ilustración de reconstrucción para el Medio Oriente, igual a la que se despliega en Europa oriental.
Los capitanes políticos estilo Husein y Asad no se engañaban sobre la naturaleza tribal y fraccionada y el carácter autocrático de sus sociedades, y distinguían las diferencias entre el cosmopolitismo urbano y la bandería tribal, entre los patrones retóricos que asumían y la autenticidad, y calculaban que el poder central que ocupaban sólo podía prevalecer por razón de la fuerza, dejando el resto a los comentaristas. Es innegable que la mayoría de las fronteras artificiales y las instituciones gubernamentales que las rigen se irán consolidando al punto de forjarse verdaderos contratos sociales con sus respectivas poblaciones, y crearse esferas públicas, espacios neutrales donde los individuos puedan despojarse de sus memorias tribales para ser tratados bajo leyes comunes como ciudadanos iguales.
Las sociedades islámicas se están quedando atrás cada vez más, tanto en los terrenos científicos, tecnológicos y económicos. La globalización, el progreso económico de Occidente y su euforia triunfalista no han anulado las pasiones religiosas o nacionalistas, ni el mundo post-industrial ha inundado al Oriente Medio. Éste se resiste a adaptarse a los rápidos cambios del planeta, y por eso el pesimismo impregna poderosamente su cultura, por eso el grito de su crisis, la de reconocer que ha perdido sus objetivos, se halla en el terrorismo y en la estampida de sus desempleados hacia el Occidente.
Las políticas económico-sociales que se adoptaron seguían modelos diferentes: economía de mercado, modelo soviético o variante china llevados de la mano por los poderes públicos. Pronto casi todos estos países entraron en un callejón sin salida debido a la magritud de las inversiones, las irrentables empresas estatales, las enormes deudas públicas, el desempleo e inflación, las escandalosas desigualdades sociales en los productores de petróleo unido a la corrupción, lo que obligó a aceptar los impopulares reajustes dictados por las instituciones financieras internacionales. Muy pocos apoyaron al presidente argelino Bumedián en su campaña por un nuevo orden económico internacional (Abdallah Laruí: Islam et Modemité, Paris, 1987).
En una reflexión caricaturesca que era un reflejo de la manera errónea conque la intelectualidad árabe enfocaba el progreso, A. R. Kawakibi expresaba que "no hay más diferencia entre nosotros, los árabes de Arabia en particular, y las grandes naciones vivas y contemporáneas que la que se deriva de los diferentes grados de progreso científico y moral. Ahora bien, la asimilación de la ciencia no requiere más de veinte años, mientras que (la renovación de) la moral requeriría cuarenta". Este era un camino que ha había sido desandado en épocas del Imperio Otomano el cual trató, desde Egipto, de insuflar el modernismo utilizando los mismos argumentos.
Estamos ante dos criterios divergentes de las causas del colapso del proyecto modernizador árabe; aquel que culpa a las estructuras tradicionales y la desidia de las transnacionales, y quienes destacan la quiebra de la civilización occidental y promueven la ruptura con el modernismo y el retorno a las raíces coránicas del Profeta. Aún los árabes siguen culpando a los turcos y a los europeos por las condiciones de atraso de su región, pero ni los otomanos ni los europeos dominaron al Yemen. En todo el Medio Oriente, sólo existen instituciones civiles en Turquía, Israel y en cierto sentido en Jordania. Siria es como la Unión Soviética de Leonid Brezhnev. Hace un puñado de décadas el anillo del Pacífico figuraba entre los territorios más pobres del planeta, pero su nuevo espíritu de empresa no se avizora en el Medio Oriente, por eso muchos apuntan que existe una correlación entre el subdesarrollo y el Islam. Malek Bennabí, el eminente pensador argelino, ha escrito una obra que hoy es un clásico: Le Probléme des idées dans le monde musulman, en la cual encara el punto del fracaso de la sociedad árabe para construir instituciones económicas y sociales poderosas.
En el meollo de la cultura árabe se halla la creencia convencional islámica, ahí es donde residen los problemas actuales pues el Islam es ya una civilización de museo, debido a que su política no ha variado desde la Antigüedad; por eso un griego o un romano le entenderían mucho mejor que un norteamericano. Por siglos el mundo islámico ha mantenido su mente cerrada, pero si quiere sobreponerse a su estancamiento tiene que detener ese constante repetirse a si mismo para abrirse a otras influencias.
La modernidad produce sobresaltos y desorienta; las jerarquías sociales, los valores y las tradiciones enfrentan inmensos cambios ante los cuales la tradición sirve de resguardo psicológico. Pero ahí se perfila, precisamente, la tragedia del fracaso árabe para encontrar soluciones realistas, puesto que el mundo por el que supuestamente se desplaza el fundamentalismo islámico fue condenado por la marcha de la historia. La Unión Soviética se evaporó; Israel ha probado que por sí solo puede afrontar el reto militar de todos los estados árabes combinados; Irán ha desencadenado y legitimado lo que ridiculizaban los nacionalistas seculares: la religión hecha política. Puede ser que la desintegración del Irak se asemeje a las antiguas provincias turcas otomanas del Mosul kurdo en el norte, el Bagdad sunnita in el centro, y Basra chiíta en el sur, que podría llevar a un reavivamiento de la influencia hachemita en la Bagdad sunní, por vez primera desde 1958.