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    De los diálogos entre judíos y musulmanes

    13.03.08

    De los diálogos entre judíos y musulmanes

    Permalink 19:23:17 por Lugh, Categorías: Textos y Documentos

    Publicado en Jerusalem Post, 1 de enero de 2008


    Por Isi Leibler, ex presidente de la Junta de Gobierno del Congreso Judío Mundial.

    El diálogo con los musulmanes se ha convertido en el tema del día, y muchas organizaciones judías compiten ahora entre sí por crear eventos de diálogo judeo-musulmán. Mientras que tales iniciativas son provechosas y ciertamente son preferibles a intercambiar insultos, si el objetivo es primordialmente congraciarse con los musulmanes y obtener publicidad, el ejercicio se vuelve contraproducente.

    Los antecedentes judíos de diálogo con la Iglesia ilustran que hasta la dramática ccondena del Papa Juan XXIII al antisemitismo en el Segundo Concilio Vaticano, nuestros esfuerzos tuvieron poco impacto más allá de reforzar la relación con cristianos filosemitas marginales.

    El diálogo significativo exige que ambas partes acuerden con antelación el respeto mutuo y el compromiso genuino a explorar medios de forjar relaciones más profundas. También presupone la disposición a implicarse en debates honestos y abiertos en lugar de articular tópicos o utilizar retórica fácil para ocultar las diferencias. Por encima de todo, exige la implicación de representantes judíos responsables y sensatos, conocimiento del judaísmo y su lugar en el mundo en conjunto.

    Hay circunstancias en las que el diálogo se debe evitar. Por ejemplo, si el grupo musulmán aludido rechaza condenar las diatribas antisemitas que emanan de los sectores islámicos o incluso indirectamente condona el terrorismo urbano y los atentados suicida, o promueve conspiraciones tales como insinuar que el 11 de
    Septiembre fue un complot israelí. Compartir espacio o colaborar con colectivos que sostienen tales opiniones simplemente les brinda una plataforma a los radicales para explotar el diálogo como vehículo de obtener respetabilidad y ocultar su extremismo.

    El problema al que nos enfrentamos con los líderes religiosos islámicos es que mientras que un grupo de sus portavoces, bajo presión, sí condenan de manera ritual el extremismo islámico, muchos siguen expresando su simpatía hacia los radicales, o en el mejor de los casos permanecen callados. Las voces islámicas dominantes que se escuchan son apologistas de la violencia, el terrorismo y la intolerancia. Si hay musulmanes moderados, permanecen principalmente en el armario o están lo bastante intimidados para evitar condenar los excesos de sus parientes jihadistas.

    En este entorno, es contrario a nuestros intereses repetir continuamente el mantra políticamente correcto pero completamente falso de que el islam es una religión de paz. Mientras que cada una de las tres religiones monoteístas ncorpora elementos de religiosidad militante y violencia, el islam, con su jihadismo único, representa hoy la doctrina más violenta.

    No se puede negar que suponiendo que hubiera líderes religiosos más ilustrados, se podría moderar. Pero la exportación del wahabismo de Arabia Saudí ha conducido a la creación de nuevos centros islámicos y el dominio de las instituciones existentes por una ideología religiosa que justifica la violencia. Es en estas fuentes que se incubaron los mártires (shahids) y los terroristas suicida y se convirtieron en un elemento dominante del Islam contemporáneo.

    De la misma manera, flaco servicio nos hacemos si apoyamos la falsa alegación de que la islamofobia está desenfrenada. Mientras que como judíos condenamos y nos oponemos a toda forma de prejuicio, tenemos que reconocer que bajo las circunstancias actuales, supone un tributo a la tolerancia de los países occidentales que a pesar de la violencia e intimidación que emanan de los musulmanes, la agresión abierta o la discriminación contra ellos haya sido extremadamente limitada.

    De hecho, a pesar de nuestra repugnancia al derramamiento de sangre, nosotros los judíos nos encontramos con mucha más violencia que los musulmanes - reflejada en el simple hecho de que, al contrario que las sinagogas, las mezquitas raramente necesitan de protección policial, y de que en Europa, gran parte de la violencia dirigida contra los judíos emana de los musulmanes.

    Debemos por tanto aprobar con contundencia del enfoque de aquellos que rechazan verse intimidados por la amenaza islámica, como queda plasmado en la perversa campaña contra las viñetas danesas del profeta Mahoma, o las obscenas amenazas y ataques violentos contra cualquiera que cuestione las creencias o el comportamiento islámico.

    Algunos representantes judíos también exhiben una lamentable tendencia a plasmar sus credenciales progresistas dando el visto bueno a las exigencias musulmanas de ilegalizar el fichado de seguridad. Haríamos bien en recordar que los judíos representan el principal objetivo de los terroristas, y por tanto sería ciertamente barroco que los judíos socavasen un procedimiento de seguridad que podría tener impacto en gran medida y jugar directamente contra ellos.

    Desechar el fichado étnico de los árabes musulmanes cuando el 95% de todos los actos de terrorismo global emanan de este colectivo es simplemente una negación de la realidad.

    El rabino Eric Yoffie, cabeza del movimiento Reformista, ejemplifica a los líderes
    judíos bien intencionados que caen en esta trampa. Recientemente condenaba en público el fichado en un discurso ante una organización islámica cuestionable, la Sociedad Islámica de Norteamérica (ISNA), con la que había puesto en marcha ecientemente un importante diálogo interreligioso. Según algunos críticos americanos judíos, la ISNA había respaldado previamente a grupos terroristas y era llamada a declarar como conspiradora necesaria en un importante juicio contra un colectivo de orientación wahabí (la Fundación Tierra Santa) que ilegalmente recaudaba fondos para Hamas. Además, el Departamento de Justicia norteamericano se refería a la ISNA como una delegación de la Hermandad Musulmana terrorista.

    En una línea similar, el rabino Marc Schneier, patrocinador de la Fundación para el Entendimiento Étnico, participaba en una congregación de 12 imanes y 12 rabinos en el Centro Islámico de Nueva York en coordinación con el imán Omar Abú Na-mous. En una sesión conjunta previa con el grupo de Schneier, Namous pedía la sustitución de Israel con un estado binacional y exigía que los israelíes se disculpasen por "sus crímenes contra los palestinos". Con el fin de evitar la epetición, Schneier y Namous acordaban entre sí que Israel fuera retirado de la agenda.

    Este es un ejemplo de libro del daño en que se incurre a través del diálogo interreligioso con los musulmanes. Si nos complacemos en expresiones de amor mutuo pero no proclamamos ante nuestros socios en el diálogo que Israel es central para nuestra identidad judía, hacemos mofa del diálogo y en la práctica estamos capitulando a los extremistas.

    Y por supuesto, los musulmanes tienen derecho a criticar las políticas israelíes. Pero tiene que haber un entendimiento con antelación de que, en contraposición a la crítica genuina, los esfuerzos por deslegitimar y demonizar a Israel nos mposibilitan compartir con ellos la misma plataforma. También tenemos que insistir en que la condena al antisemitismo musulmán tiene que ser un punto de la agenda de tales encuentros.

    Nada de esto nos detrae de nuestra obligación de elevar nuestras voces contra aquellos que condenan una religión entera a causa del comportamiento criminal de sus individuos. Al contrario, es revelador que en la escena musulmana no haya virtualmente tales condenas en lo que se refiere a la incitación contra Israel, los judíos, o incluso América.

    Hay sin embargo oportunidades genuinas de llevar a cabo el diálogo constructivo con grupos musulmanes escrupulosamente seleccionados. Por ejemplo, las recientes visitas de musulmanes de la India y de imanes de Indonesia a Israel bajo los auspicios del Comité Judío Americano representan el tipo de diálogo positivo que debería ser elogiado y animado.

    Idea de fondo: el diálogo con los musulmanes se vuelve contraproductivo cuando nos rebajamos y nos degradamos con el fin de ganar su favor. Todo lo que se logra es una fachada de buena voluntad que en última instancia solamente refuerza a los extremistas a expensas de los pocos moderados genuinos dentro de la comunidad islámica hasta los que estamos obligados a seguir llegando, por su bien y el nuestro.

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