Categoría: Irán

    06.06.08

    PermaVínculo 18:52:04, Categorías: Noticias, Textos y Documentos, Irán

    Leído en Libertad Digital, nüm. 490, 6 de Junio de 2008

    El fin de las primarias norteamericanas ha coincidido con la celebración de la Asamblea Anual de AIPAC, el lobby pro-israelí norteamericano, en la ciudad de Washington, dando así la oportunidad a contendientes y dirigentes nacionales de ambos partidos para fijar en sus discursos ante dicha Asamblea su posición sobre la crisis de Oriente Medio y, más en concreto, sobre la respuesta a la amenaza iraní. El resultado ha sido interesante.

    Republicanos y demócratas han llegado a un acuerdo sobre la política a corto plazo. Se apuesta por la diplomacia en dos sentidos complementarios. Por un lado quieren aumentar la presión económica mediante la aplicación de sanciones. El primer teatro de operaciones será el Consejo de Seguridad. El segundo, las relaciones bilaterales. El tercero, la acción conjunta de nuevas medidas legales y de la presión ciudadana sobre los gestores de fondos de pensiones para evitar la llegada de inversiones a Irán. Los objetivos principales de este abanico de iniciativas son crear serias dificultades al banco central; impedir que compañías energéticas inviertan allí, desarrollando las extraordinarias capacidades locales; bloquear toda actividad mercantil con la Guardia Revolucionaria; y, por último, imposibilitar el refino del crudo iraní. Junto con las sanciones el acuerdo pasa por lograr el aislamiento diplomático de Irán, exponiendo a los ayatolás y a los radicales reunidos en torno a Ahmadineyad a las consecuencias de su política.

    Sanciones más aislamiento intentan revertir la política iraní de apoyo a grupos terroristas y desarrollo de un programa nuclear con fines militares. Nancy Pelosi, la presidenta de la Cámara de Representantes, habló de "convencer" a la clase política de Teherán de que sus intereses eran incompatibles con su política. Al mismo tiempo, se confía en que el agravamiento de la situación económica facilite la crisis del régimen, cuyo apoyo popular es limitado. Nadie parece dudar de que el problema reside en el régimen político y no en uno u otro dirigente, pero parece del todo descartada la sola idea de una intervención militar que, como en el caso de Irak, tuviera como objetivo redefinir el sistema constitucional iraní. Ese es un cometido que sólo corresponde a la población.

    Junto a la política específica hacia Irán se apuesta por poner a punto las capacidades militares israelíes, en particular en todo lo referente a defensa antimisiles. Teherán debe comprender que no tiene, ni va a tener, capacidad para atacar de forma efectiva a Israel, pero que el gobierno de Jerusalén podrá en todo momento contraatacar con un alto grado de letalidad.

    El acuerdo parlamentario, que no estrategia, tiene evidentes puntos débiles que a nadie se le escapan. No está nada claro que la diplomacia norteamericana consiga la aprobación de nuevas resoluciones en el Consejo de Seguridad que impongan sanciones realmente coercitivas al Gobierno de Teherán. Para Rusia y China es más urgente debilitar el hegemonismo norteamericano que detener la carrera nuclear iraní. Los europeos, cuyas economías están seriamente afectadas por la crisis económica, no tienen ningún interés en perjudicar a sus propias empresas y, en todo caso, tardarían mucho tiempo en adaptar sus marcos legales. En el ámbito de la diplomacia bilateral Estados Unidos puede lograr algún éxito, pero sólo parcial. Irán seguirá encontrando socios con los que comerciar.

    Pero el fallo más evidente del acuerdo es el referido al tiempo. Para que esta nueva iniciativa diplomática pudiera tener éxito debería haberse iniciado hace cuatro años. La razón de que no se hiciera fue por la evidente falta de apoyos. Para cuando se apliquen las primeras medidas puede ser ya muy tarde. Irán está muy cerca de lograr su primera bomba nuclear.

    Si esto es evidente para todos, ¿por qué los políticos norteamericanos actúan como si no fueran conscientes de ello? La respuesta varía según el político o partido. McCain ya aclaró en su momento, aunque por razones electorales haya dejado de repetirlo, que ordenaría un ataque militar selectivo si la diplomacia no lograse impedir el acceso de Irán al club nuclear. No sabemos en qué medida la actitud de McCain es representativa, pero es evidente que un buen número de dirigentes republicanos la comparten. Obama anunció en la Asamblea de AIPAC, ante el sector más militante de la comunidad judía norteamericana, que en todo momento "retendría" la capacidad de ordenar una acción militar. Por razones que sólo un psicólogo podría explicar, el público asistente aplaudió puesto en pie algo que no sólo era una obviedad, pues todo presidente tiene siempre la opción de usar la fuerza, sino que suponía no utilizar el verbo que la lógica de la acción requería: "usar".

    Los demócratas han ido elaborando una nueva posición que parte de la aceptación de que es imposible detener el acceso de Irán a la bomba nuclear, porque no hay tiempo para la diplomacia y porque un ataque selectivo tendría consecuencias aún peores sobre la estabilidad regional. A partir de ahí juegan con viejos conceptos, un cocktail de unas dosis de "palo y zanahoria" con una sólida base de disuasión. Harry Reid, el portavoz demócrata en el Senado, no tuvo reparos en comparar la nueva política con la empleada con la Unión Soviética, como si la nomenklatura soviética tuviera algo que ver con los jóvenes cachorros de la Guardia Revolucionaria que se han hecho con el poder en Teherán. Piensan los demócratas que ahogando la economía iraní, en el hipotético caso de que lo consiguieran, y demostrando la inutilidad de su armamento atómico ante la eficacia de los sistemas antimisiles y la capacidad de contraataque, el Gobierno iraní claudicará y dará marcha atrás. No se trata, por lo tanto, de impedir que Irán acceda al umbral nuclear, sino de forzar a sus dirigentes a desandar el camino.

    La nueva política demócrata es cualquier cosa menos nueva. Se trata de rescatar los viejos conceptos de la Guerra Fría para aplicarlos en un entorno radicalmente distinto. Sin embargo, los viejos dinosaurios soviéticos valoraban la vida, porque no tenían otra cosa en qué creer. No es el caso de Ahmadineyad y del grupo político que le rodea. El fanatismo religioso es un fenómeno tan humano como el odio a la libertad característico de los comunistas, pero son hechos políticos de diferente naturaleza que no pueden ser tratados de la misma manera. El programa nuclear iraní tiene distintos objetivos, pero el más importante es la garantía de defensa, el saber que podrán continuar desestabilizando Irak, Líbano, Palestina... a coste cero. La disuasión poco podrá hacer en este terreno. Las zanahorias que Estados Unidos pueda ofrecer a los islamistas de Teherán dependerán de los palos que previamente se les haya infligido. Hoy por hoy el régimen de sanciones es sólo una posibilidad de difícil aplicación. Mientras tanto, lo único seguro es que si Bush o el Gobierno israelí no lo impide, Irán entrará en breve a formar parte del club nuclear, con consecuencias extraordinarias sobre el equilibrio regional y sobre el régimen de no proliferación.

    02.06.08

    PermaVínculo 17:00:22, Categorías: Textos y Documentos, Irán

    Por Rafael L. Bardají, licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid; director del Grupo de Estudios Estratégicos (GEES), ex asesor del ministro de Defensa (1996 y 2000), ex subdirector del Real Instituto ElCano de Estudios Internacionales y Estratégicos, así como miembro de numerosas organizaciones internacionales de estudios estratégicos y militares.

    1.- Los ayatolas quieren su bomba

    Para entender la ambición nuclear iraní, incluida la voluntad del régimen para asumir crecientes costes por sus desarrollos atómicos de naturaleza militar, hay que tener en cuenta cuatro factores básicos.

    a) El potente nacionalismo tradicional iraní que lleva a considerar a Irán como una potencia hegemónica en la zona, desde el Levante al Beluchistán;

    b) La naturaleza de la revolución jomeinista, que añade una componente mesiánica para el shiísmo iraní. La república islámica de Irán será el motor de la revolución islámica en el mundo. Primero en el mundo árabe y después allende sus fronteras;

    c) El cisma entre suniís y shiís,. Irán, de mayoría shií considera que ha estado dominado y aplastado por la conspiración zuñí y cree que ha llegado el momento de que se le reconozca su liderazgo en el mundo musulmán;

    d) Las creencias apocalípticas del actual liderazgo iraní.

    Si los actuales ayatolas en Teherán se hicieran con la bomba, tendrían en sus manos un instrumento más que útil para cumplir todos sus sueños y ambiciones terrenales: Primero, Irán pasaría a formar parte de ese club de privilegiados, dueños y poseedores de un arsenal nuclear. Su prurito nacionalista, saldría reforzado; dos, con un componente de disuasión atómica en sus manos, se sentirían más tentados de hacer avances en la expansión, directa o indirecta, de su ideario. Grupos islamitas podrían actuar más agresivamente gracias al paraguas nuclear de Irán; tercero, aunque ya existe una nación musulmana con armamento atómico, Pakistán, la centralidad geográfica de Irán en el Golfo y el mundo árabe, así como su carácter shií, le otorgaría una preeminencia de la que nunca habría disfrutado; por último, la bomba sería el mejor arma para cumplir el sueño de borra a Israel del mapa y sembrar la semilla de una revolución islamista a escala universal.

    Por todo ello, el arma nuclear resulta más que atractiva a los ojos de los dirigentes de Teherán y explica el por qué de su aceptación de sanciones, el creciente precio a pagar por no renunciar a su programa y el riesgo, incluso, de cosas peores. En sus cálculos, todo eso merece la pena si al final pueden enseñar al mundo su bomba.

    2.- Los ayatolas no van a renunciar al armamento atómico

    Para empezar, hay que recordar que el programa nuclear iraní no es algo nuevo, que haya venido de la mano de Mahamud Ahmadinejad. Ni siquiera es de ayer o de antesdeayer. Arranca de los años 70 y aunque pasa por sus altibajos en los primeros momentos de la revolución de Jomeini, se reactivará desde mediados de los 80 y se acelerará desde los primeros 90. No importa quién estuviera al frente del gobierno iraní, ni que fuese visto por nosotros los occidentales como un moderado o un radical.

    Irán ha dado ya sobradas muestras de su empeño y consistencia, a lo largo de muchos años, como para pensar alegremente que su interés en este terreno es menor o coyuntural.

    De hecho, que el programa se haya mantenido opaco y clandestino, con todos los esfuerzos de ocultación que eso conlleva –y no olvidemos que Irán es signataria del TNP, esto es, que está sujeta a las inspecciones de los funcionarios del OIEA- añade aún más consistencias a los esfuerzos iraníes por hacerse con las tecnologías nucleares de uso militar.

    En segundo lugar, la táctica negociadora de los iraníes subraya su deseo de seguir adelante con el programa atómico, cueste lo que cueste. Desde que se descubrió el pastel a mediados de 2002, gracias a las informaciones de los propios disidentes dentro de Irán, la comunidad internacional, bajo la forma de los 3+1 europeos (Londres, Berlín y París más Solana) y las Naciones Unidas, se ha esforzado por ofrecer a los dirigentes iraníes tanto suficientes incentivos como sanciones para convencer a los ayatolas a abandonar sus ambiciones nucleares. Pero ni las zanahorias ni el palo han servido para mucho. Salvo para pasar cuatro años en frustrantes conversaciones. Con una nota de atención, mientras Teherán dilataba sus tiras y aflojas diplomáticos, no ha dejado de trabajar en su programa de enriquecimiento y en la llamada weaponización del material fisible.

    Ahmadinejad no se ha cansado de repetir lo evidente. Teherán no está interesada en un canje. Simplemente su programa nuclear no es negociable. La carta enviada a Ban Ki Moon el pasado 13 de mayo, 2008 por Manoucher Mottaki (ministro de asuntos exteriores de Irán) no es sino más de lo mismo.

    3.- ¿De cuánto tiempo estamos hablando para un Irán nuclear?

    Nadie, salvo los propios iraníes, sabe con certidumbre el exacto grado de desarrollo del programa nuclear, ni cuales han sido sus obstáculos y progresos. Y mucho menos aún, el tiempo que necesitarán para sacar de todos sus esfuerzos la primera bomba atómica.

    La comunidad de inteligencia norteamericana publicó el pasado mes de noviembre su nueva estimación sobre Irán. Contra todo pronóstico fue una bomba ya que juzgaba en ese texto que Irán había suspendido su programa militar a finales de 2003. Para desgracia de la inteligencia americana, sus juicios han sido puestos en entredicho por sus homólogos europeos, rusos e israelíes y están en abierta disonancia con lo hallado hasta el momento por la propia ONU a través de su OIEA de Viena. De hecho, con motivo del reciente viaje de George W. Bush a Israel, se anunció que con toda probabilidad habría un nuevo NIE sobre irán.

    Teherán ha anunciado en sucesivas ocasiones los hitos industriales y científico-técnicos alcanzados. Es más, con todas las limitaciones que supone, los inspectores del OIEA también han sido testigos del incremento de los elementos necesarios para el enriquecimiento de uranio en cadena. Es decir, que aunque no se sabe a ciencia cierta el grado de desarrollo del programa nuclear iraní, sí se puede decir con seguridad que desde comienzos de 2005 Irán comenzó en fase industrial el proceso de conversión del uranio mineral en Hexafluoruro de Uranio y que desde enero de 2006 ha retomado el proceso de enriquecimiento del gas. A principios del verano pasado tuvo lugar la instalación de las primeras serie de centrifugadoras en la planta de Natanz (confirmado in situ por inspectores de la OIEA) y anuncios posteriores han elevado el número de centrifugadoras de dos cadenas de 156 a 15 series, con un total aproximado de 3000 aparatos funcionando simultáneamente. Si Ahmadinejad no miente, hacia finales de este año, las centrifugadoras funcionando en cascada podría ser ya 50 mil.

    Para hacerse una idea, si las centrifugadoras funcionaran a pleno rendimiento, 300 de las mismas podrían producir en un año unos 30 kilos de uranio 235, de uso militar. Cantidad suficiente para unas cuatro bombas atómicas. 3000 centrifugadoras permitirían una cantidad de material fisible para medio centenar de cabezas nucleares en un año.

    Dicho esto, todo parece apuntar a que Irán está teniendo dificultades técnicas para sostener el proceso de enriquecimiento en cascada y que las centrifugadoras están operando con resultados muy por debajo de lo requerido para alcanzar el grado de enriquecimiento de uso militar, lo que significa, para algunos analistas, que Irán sigue estando lejos temporalmente de tener su primera bomba. Las estimaciones varían de entre dos y 10 años, según la fuente.

    En todo caso, Irán sigue ampliando su programa y tal y como se supo el pasado día 27 de septiembre, podría estar utilizando una instalación secreta, subterránea, cerca de Natanz, para los ensayos de weaponizacion del material nuclear. Al igual que una nueva instalación en las afueras de Teherán. La fuente ha sido de nuevo el NCRI, cuyas revelaciones hasta la fecha siempre se han demostrado correctas.

    No en balde, la inteligencia israelí viene advirtiendo de que Irán podría estar mucho más cerca de la bomba de lo que se piensa, tal vez hacia finales del año que viene.

    Es más, se sabe con precisión los desarrollos misilísticos iraníes, así como la ayuda recibida a través de Pakistán para la fabricación de una cabeza de combate capaz de ser encajada y lanzada por un misil balístico. Por lo que el eslabón más débil sigue siendo el material fisible, hacia cuya producción, como hemos dicho, Irán sigue marchando sin obstáculos que se lo impidan.

    4.- Las sanciones no darán sus frutos a tiempo

    Desde el 2003 los europeos intentaron convencer diplomáticamente a los iraníes de que abandonaran el enriquecimiento de uranio, ofreciendo diversas alternativas para que Irán pudiera disfrutar de la energía nuclear de carácter civil. Como Teherán rechazó cualquier punto de entendimiento y según el OIEA no cumplía con sus obligaciones bajo lo estipulado por el régimen de no proliferación, finalmente el dossier se elevó al consejo de seguridad de la ONU.

    Allí se han adoptado cuatro resoluciones. La primera, la 1696, el 31 de julio del 2006, conminando a Teherán a que cesara todas sus actividades de procesamiento y enriquecimiento. La respuesta iraní no fue satisfactoria y el posterior informe del OIEA, a finales de agosto, confirmó que Irán no estaba cumpliendo ninguna de las condiciones impuestas por la ONU, la segunda, la 1737, el 23 de diciembre de 2006, esta vez por unanimidad, por la que se imponían una serie de sanciones limitadas y de carácter económico contra Irán, prohibiendo la asistencia técnica al programa nuclear así como la congelación de bienes de 12 ciudadanos iraníes y 10 organismos relacionados con el programa; la tercera, tras que Irán anunciara su rechazo a las medidas y después de varios meses de discusiones en el CS, la 1747, de 24 de marzo de 2007, por la que, básicamente, se ampliaba la lista de personas y entidades sujetas a sanciones; la cuarta, y tras que Ahmadinejad en la última asamblea de la ONU desafiara al CS, declarando el dossier nuclear “formalmente cerrado”, a la vez que afirmaba que ninguna sanción pondría fin al programa nuclear, el CS volvería a discutir nuevas sanciones contra Irán. Tras meses de tiras y aflojas, el CS adoptaría la 1803, el 3 de marzo de 2008, en un giro más de tuerca para aplicar medidas selectivas que afecten técnicamente al programa nuclear y a sus fuentes de financiación.

    Simultáneamente, y ante la creciente complicación de encontrar un consenso en el seno de la ONU, surgió un movimiento orientado a dificultar las transacciones internacionales de diversas entidades claves para el régimen iraní, así como toda una panoplia de acciones encaminadas a la desinversión por parte de los grandes fondos americanos en compañías que mantuvieran negocios con Irán.

    Ciertamente la economía iraní no va bien y necesita de inversiones para poder mantener y modernizar su principal sector de ingresos, el petróleo. En la medida en que le es más difícil recurrir a capital extranjero, mantener su economía subsidiada resultará más y más complicado. Ahora bien, el actual precio del crudo le supone a Irán unos 60-80 mil millones de dólares de superávit al año, por lo que puede paliar a corto plazo las carencias de capital e inversiones extranjeras.

    Históricamente, además, las sanciones nunca han dado ni el fruto buscado, ni en los tiempos deseados. Con Saddam funcionaron en los 90 porque partía de una derrota militar y porque la vigilancia inicial fue muy alta. Pero la comunidad internacional está muy lejos de alcanzar ese grado de cohesión de cara a Irán.

    5.- Con todo, la bomba iraní es inaceptable

    Las implicaciones regionales y mundiales de un Irán nuclear, particularmente bajo su actual liderazgo, hacen que ese escenario sea del todo inaceptable. Suponiendo, en el mejor de los casos, que los ayatolas sólo quisieran dotarse de una capacidad de disuasión frente a occidente y otros potenciales adversarios, un Irán atómico instigaría a sus vecinos suniís a buscar sistemas que equilibraran de nuevo la balanza estratégica. Y esos sistemas no podrían ser más que nucleares a su vez. Es decir, la bomba iraní alimentaría una proliferación nuclear galopante en la zona, con todos los riesgos de inestabilidad que eso conllevaría. A más actores, mayores los errores posibles.

    Es más, dado que los arsenales no podrían ser muy numerosos, el miedo a perderlos por un primer golpe sorpresa de algún adversario, forzaría una política del dedo en el gatillo, que primase el primer golpe y no la disuasión, por lo que los riesgos de un intercambio nuclear –algo nunca visto en la Historia de la humanidad- se dispararían.

    Pero si Teherán tuviese intenciones más aviesas, el panorama es aún menos alentador. Por ejemplo, podría colocar a sus lacayos en el Líbano, Hizbolá, o en Gaza, Hamas, bajo la protección de su paraguas nuclear, haciendo prácticamente imposible la defensa de Israel frente a estos movimientos y, facilitando así, la islamización de todos los fenómenos en la zona, principalmente el palestino.

    Podría también recurrir al terrorismo con la componente nuclear, pretendiendo quedarse a salvo dada la opacidad de la autoría de un posible atentado de destrucción masiva. O, podría muy bien, buscar acabar con la existencia de Israel, imaginando que el resto de Occidente preferiría no hacer nada ante ese holocausto nuclear antes que arriesgarse a sufrir un castigo similar.

    En fin, las posibilidades de chantaje serían múltiples habida cuenta del subidón psicológico que les supondría a los ayatolas saberse poseedores del sistema más mortífero en manos del hombre. Se creerían intocables y nos verían reducidos al temor y la inacción. Si estuvieran en lo cierto, malo; si se equivocasen, peor, porque estaríamos al borde de la primera guerra nuclear.

    Es mas, aún cuando en Europa quisiéramos creer que todo se podría reducir a un enfrentamiento entre Israel e Irán, si éste tuviese una naturaleza atómica, nadie quedaríamos salvo de las consecuencias. Sería ilusorio pensar otra cosa. Irán no es un tema israelí, es un problema para todos.

    6.- La disuasión mutua no es viable con Irán

    Hay quien tiende a pensar que si los Estados Unidos y la URSS supieron llegar a un mínimo entendimiento y garantizaron la paz gracias a su capacidad de destrucción mutua asegurada, contener y disuadir a los iraníes también sería posible. Se equivocan.

    Para empezar cabe recordar que la MAD fue estable gracias a una sobrecapacidad destructiva (miles y miles de cabezas nucleares), así como a un sofisticado sistema de mando y control. Pero también a compartir un mínimo de cultura estratégica: ni la URSS ni América eran suicidas, ni tampoco potencias que buscaran revolucionar el sistema mundial. Ese no es el caso del Irán jomeinista y mucho menos el Irán de Ahmadinejad, con su culto apocalíptico.

    El mundo musulmán y radical ha dado sobradas pruebas recientemente de no comportarse siempre de acuerdo con pautas racionales o consonantes con nuestra lógica. De haberlo hecho posiblemente los talibán hubieran entregado a Bin Laden en 2001 o Hizbolá no hubiera secuestrado a los soldados israelíes el verano del 2006.

    No hay nada en la doctrina estratégica iraní que conocemos que nos indique que para ellos el arma nuclear es puramente defensiva. Ciertamente, se pueden poner en marcha sistemas de defensa antimisiles, pero saturar las defensas siempre es posible y para Israel, una sola bomba equivale a su fin. Es más, no son necesarios los misiles para asestar un golpe fatídico contra una de nuestras naciones.

    Es en este contexto de creciente incertidumbre e inestabilidad estratégica, que deben entenderse las palabras del senador John McCain, cuando afirmó que “sólo hay una cosa peor que bombardear Irán, un Irán nuclear”. Lo mismo que ha venido a decir la senadora Clinton (mientras que Obama apuntaba a Pakistán).

    7.- Las opciones militares son complicadas pero viables

    Medios para atacar y destruir las instalaciones conocidas, los tienen de sobre los Estados Unidos y, en mucha menor medida, Israel. En los últimos meses se han publicado todo tipo de cálculos y juegos de guerra y esa es una conclusión aplastante.

    Otra cosa, es que se conozcan todos los componentes e infraestructuras del programa nuclear. Habida cuenta de los sonados fracasos anteriores de la inteligencia, este punto no es baladí. Con todo, la destrucción de las cuatro instalaciones básicas del enriquecimiento de uranio y producción de plutonio, retrasaría el programa iraní durante años.

    El verdadero problema de un ataque contra Irán es la gestión política del mismo (no perdamos de vista los ciclos electorales y la situación doméstica de todos los potenciales implicados), así como la necesidad de prepararse para el día después. Si el régimen se sostuviera y se endureciera, podría poner en marcha toda una panoplia de medidas de represalia en el corto plazo (desde ataques terroristas, a cerrar el estrecho de Ormuz temporalmente). Ahora bien, es dudoso que esas medidas se pudieran sostener en el tiempo o, incluso, no resultaran negativas para Teherán, tan necesitado que la gasolina fluya por el Golfo hacia su suelo, como del petróleo hacia el mercado global. Igualmente está por ver que Hizboláh y Hamás siguieran automáticamente a un régimen dañado y que les podría al borde del suicidio.

    Es decir, las temibles consecuencias que a veces se pintan para impedir una intervención militar, si ser mentira, tampoco son del todo ciertas. Todo dependerá de factores situacionales.

    Lo que sí es crítico de verdad es el tiempo, el cuándo, más que el como. Pero eso sí que es una cuestión abierta. Pero debería serlo por un cálculo estratégico y operacional, no porque Olmert sea débil, Bush se vaya y se piense que Ahmadinejad no vaya a ser reelegido en las presidenciales del año que viene.

    PermaVínculo 16:48:15, Categorías: Textos y Documentos, Irán

    Leído en Libertad Digital Núm. 1483, 30 de Mayo de 2008

    Los ayatolás hicieron de la defensa de la comunidad chiíta libanesa uno de sus objetivos fundamentales en política exterior. Actuaron con audacia, creando una nueva fuerza política, Hezbolá, dotada de unas milicias tan bien armadas como entrenadas. Unos y otros saben que la demografía corre a su favor y que la clave está en saber esperar. Si Hezbolá es capaz de bloquear el Gobierno, si consigue convencer al resto de la sociedad libanesa de que la paz depende de que asuman su liderazgo y, desde esa condición, lleguen a un nuevo acuerdo político, la victoria estará en sus manos.

    La milicia de Hezbolá es hoy día el ejército más importante del Líbano, con el agravante de que están infiltrados en el Ejército Nacional y pueden deshacerlo cuando lo consideren oportuno. De ahí que una parte importante de la comunidad cristiano-maronita haya cedido a su chantaje.

    El asesinato del máximo dirigente sunita, Hariri, llevó a un sorprendente acuerdo entre Chirac y Bush para exigir responsabilidades. Tras un acuerdo en el Consejo de Seguridad, Siria midió sus propias fuerzas y optó por retirar sus tropas. Eran demasiados frentes abiertos para un país débil económica y militarmente, aislado y amenazado. Pareció llegado el momento de la democratización del Líbano, pero la democracia es cuestión de mayorías y en ese terreno los chiítas tienen muchas cosas que decir.

    Desde la retirada de Siria han ocurrido dos hechos determinantes. El primero fue la guerra entre Israel y Hezbolá, que se resolvió con una no-victoria de Israel, lo que equivale a una victoria política de los islamistas. Han demostrado a la sociedad libanesa y al conjunto del mundo árabe que están en condiciones de enfrentarse a Israel y no ser derrotados, lo que no habían conseguido egipcios, jordanos, sirios o iraquíes. Su prestigio ha crecido y, sobre todo, ha quedado en evidencia su capacidad. Sufrieron un gran desgaste, humano y de material, pero gracias a las fuerzas internacionales allí destacadas ya disponen de más y mejor armamento que antes de iniciarse el conflicto. En estas circunstancias, ¿quién en Líbano osaría enfrentarse a ellos?

    El segundo hecho ha sido la crisis política derivada del intento de democratización, auspiciado por norteamericanos y europeos. Hezbolá retiró a sus ministros del Gobierno y bloqueó la designación de un nuevo presidente de la República, cargo que corresponde en el nada democrático reparto de competencias a la comunidad cristiano-maronita. En esta situación el Gobierno decidió echar un pulso a Hezbolá exigiendo que renunciara a su propio y exclusivo sistema de comunicación, un ejemplo más del Estado dentro del Estado creado por esta filial de Irán en el país de los cedros. La respuesta fue un amago de guerra civil en la que Hezbolá volvió a demostrar, por si cabía alguna duda, que dispone del mejor ejército.

    La Liga Árabe se sintió obligada a intervenir, ante la posibilidad de que la crisis desembocara en la reapertura de la guerra civil, con consecuencias previsiblemente negativas para la comunidad sunita, de la que se siente protectora. Su rechazo a Hezbolá quedó patente durante el conflicto con Israel, cuando apoyaron al Estado judío en la confianza de que haría con los chiítas lo mismo que con ellos en anteriores ocasiones. La decepción fue grande ante la desigualdad de trato. Ahora cabía esperar que forzaran al "Partido de Dios" a ceder posiciones en la cumbre de Doha, pero lo que ha ocurrido ha sido lo contrario. La Liga Árabe ha demostrado una vez más su debilidad. Se ha limitado a dejar constancia del triunfo iraní, reconociendo a Hezbolá el derecho de veto sobre la política gubernamental. Exactamente lo que el Gobierno de Teherán y sus dirigentes buscaban desde hacía años.

    Árabes y occidentales han acabado de la mano asumiendo su impotencia ante la injerencia iraní en el Líbano. El proceso democratizador está muerto y el Líbano se encamina hacia un cambio de régimen con el que finalmente se reconozca la hegemonía chiíta, bajo un Gobierno islamista y autoritario.

    Tras estas concesiones ¿cómo podemos esperar que Irán ponga freno a sus intervenciones internacionales o a su programa nuclear? ¿Por qué el vencedor se va a doblegar ante la voluntad del vencido?

    06.02.08

    PermaVínculo 17:14:33, Categorías: Videos, Irán

    Aquí podemos ver las primeras medidas llevadas a cabo por el Gobierno de Ahmadineyad.

    Y, aquí, un informe más detallado de su manera de administrar Justicia.

    04.02.08

    PermaVínculo 18:26:04, Categorías: Mujer e Islam, Videos, Irán

    ¿Qué es y cómo se realiza?

    Una lapidación al completo de un grupo de mujeres. En los primeros segundos nos advierten de la crudeza de las escenas que vamos a ver y los documentos relativos al caso: base legal y sentencia. Lapidación hasta la muerte por adulterio.

    Hasta la actualidad Irán -por diferentes motivos- ha lapidado a más de tres mil mujeres, cincuenta de ellas menores de 15 años, treinta embarazadas y cuarenta y cinco mayores de 50 años. Por su parte, las mujeres vírgenes son violadas por sus guardianes antes de ser ejecutadas, ya que el Corán dice que si la mujer muere virgen va al cielo.

    03.02.08

    PermaVínculo 13:42:06, Categorías: Mujer e Islam, Irán

    El escritor árabe Yusef Nasry describe la situación de la mujer islámica, de total dependencia servil hacia el hombre, en los siguientes términos:

    De niña se la educa en la obsesión de la pérdida de sus 'sellos' divinos. Joven y virgen, es vendida al mejor postor, aunque sea un viejo vicioso. Novia, se la enseña que el papel de la esposa consiste en satisfacer al marido. Casada, es violada la noche de bodas. Mujer, es una sierva objeto de placer y puede darse por afortunada si no tiene que compartir con otras esposas legales los favores del mismo marido. Madre, debe llevar un ritmo de vida infernal. Esposa, está desposeída de los derechos jurídicos más elementales y, en cualquier momento, puede ser repudiada y expulsada por su marido. Esclava, continúa siéndolo desde que nace hasta que muere.

    En Arabia Saudí ni siquiera tiene constitución. Toda su ley está basada en la Shariah. Y, según sus gobernantes, Las mujeres son como los chiquillos obstinados que no pueden saber qué es lo correcto. Para educarlas y formarlas hay que usar con ellas la severidad y los castigos corporales.

    Según la shariah, el hombre puede casarse con cuatro mujeres a la vez, pero si una mujer comete adulterio está sujeta a las penas más severas en éste y en el otro mundo. Un hombre puede también contraer matrimonio con una mujer no musulmana sin exigirle que se convierta al islamismo, mientras que una mujer sólo puede hacerlo con un hombre de religión musulmana. Un hombre puede divorciarse de su mujer en cualquier momento; la mujer, en cambio, sólo podrá hacerlo en determinadas condiciones y con muchos impedimentos y, los hijos se entregan al padre, y, en caso de muerte de éste, al abuelo paterno. La participación del varón en la herencia es dos veces superior a la de la mujer y un testimonio masculino en un tribunal tiene el doble de valor que uno femenino.

    el versículo 33:50 sanciona el derecho del musulmán a violar a las mujeres capturadas en combate. Pero, precisamente por haber sido violada, una mujer puede ser condenada a la lapidación. Una muerte cruel que le espera a la que haya cometido adulterio. En muchos casos la simple sospecha de su marido de que así ha sido es suficiente para condenarla

    La lapidación, según la norma, se lleva a cabo de la siguiente manera:

    La mujer ha de ser enterrada hasta la altura del pecho. Luego será lapidada hasta que las piedras la cubran por completo. Las piedras no deben de ser muy grandes, de forma que la puedan matar de un solo golpe, ni tan pequeñas que no puedan ser consideras piedras.

    Hasta la actualidad Irán -por diferentes motivos- ha lapidado a más de tres mil mujeres, cincuenta de ellas menores de 15 años, treinta embarazadas y cuarenta y cinco mayores de 50 años. Por su parte, las mujeres vírgenes son violadas por sus guardianes antes de ser ejecutadas, ya que el Corán dice que si la mujer muere virgen va al cielo.