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El escritor árabe Yusef Nasry describe la situación de la mujer islámica, de total dependencia servil hacia el hombre, en los siguientes términos:
De niña se la educa en la obsesión de la pérdida de sus 'sellos' divinos. Joven y virgen, es vendida al mejor postor, aunque sea un viejo vicioso. Novia, se la enseña que el papel de la esposa consiste en satisfacer al marido. Casada, es violada la noche de bodas. Mujer, es una sierva objeto de placer y puede darse por afortunada si no tiene que compartir con otras esposas legales los favores del mismo marido. Madre, debe llevar un ritmo de vida infernal. Esposa, está desposeída de los derechos jurídicos más elementales y, en cualquier momento, puede ser repudiada y expulsada por su marido. Esclava, continúa siéndolo desde que nace hasta que muere.
En Arabia Saudí ni siquiera tiene constitución. Toda su ley está basada en la Shariah. Y, según sus gobernantes, Las mujeres son como los chiquillos obstinados que no pueden saber qué es lo correcto. Para educarlas y formarlas hay que usar con ellas la severidad y los castigos corporales.
Según la shariah, el hombre puede casarse con cuatro mujeres a la vez, pero si una mujer comete adulterio está sujeta a las penas más severas en éste y en el otro mundo. Un hombre puede también contraer matrimonio con una mujer no musulmana sin exigirle que se convierta al islamismo, mientras que una mujer sólo puede hacerlo con un hombre de religión musulmana. Un hombre puede divorciarse de su mujer en cualquier momento; la mujer, en cambio, sólo podrá hacerlo en determinadas condiciones y con muchos impedimentos y, los hijos se entregan al padre, y, en caso de muerte de éste, al abuelo paterno. La participación del varón en la herencia es dos veces superior a la de la mujer y un testimonio masculino en un tribunal tiene el doble de valor que uno femenino. El versículo 33:50 sanciona el derecho del musulmán a violar a las mujeres capturadas en combate. Pero, precisamente por haber sido violada, una mujer puede ser condenada a la lapidación. Una muerte cruel que le espera a la que haya cometido adulterio.
En muchos casos la simple sospecha de su marido de que así ha sido es suficiente para condenarla La lapidación, según la norma, se lleva a cabo de la siguiente manera: La mujer ha de ser enterrada hasta la altura del pecho. Luego será lapidada hasta que las piedras la cubran por completo. Las piedras no deben de ser muy grandes, de forma que la puedan matar de un solo golpe, ni tan pequeñas que no puedan ser consideras piedras.
Hasta la actualidad Irán -por diferentes motivos- ha lapidado a más de tres mil mujeres, cincuenta de ellas menores de 15 años, treinta embarazadas y cuarenta y cinco mayores de 50 años. Por su parte, las mujeres vírgenes son violadas por sus guardianes antes de ser ejecutadas, ya que el Corán dice que si la mujer muere virgen va al cielo.