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Por Carlos Echeverría Jesús.
Publicado en War Heat Internacional nº 73, 74 y 75 de 2009
Malí y Níger como epicentro y Mauritania, Chad y Burkina Faso como Estados periféricos constituyen el Sahel, una franja de separación entre el Magreb y el África Subsahariana que tiene en común compartir las extensas arenas del Sáhara y ser escenario de la proliferación de riesgos y amenazas representadas por tráficos ilícitos de todo tipo, inestabilidad en sentido clásico por las recurrentes revueltas Tuareg contra las autoridades de Bamako y de Niamey y con el más reciente fenómeno de la implantación del terrorismo yihadista salafista y la expansión del hambre y de otras secuelas humanitarias.
Todo ello va a llevar a los Jefes de Estado de la región a celebrar una Cumbre en enero de 2009 en Bamako y bajo el sugerente título de “Paz, Seguridad y Desarrollo”, la que debería de haberse reunido en los días 20 y 21 de agosto pasado pero que no se celebró, entre otros motivos por el golpe de Estado producido en Mauritania. Anunciada oficialmente por el Ministerio argelino de Asuntos Africanos el 17 de diciembre, y siendo en buena medida Argelia su impulsora con su Presidente Abdelaziz Buteflika al frente, deberá reunir junto a él a los Jefes de Estado de Burkina Faso, Chad, Malí, Libia, Mauritania y Níger para tratar de buscar soluciones a algunos de los desafíos más urgentes de la región. De celebrarse dicha Cumbre contará también a buen seguro con la presencia de la ONU, dado el activismo desde su seno que desarrolla el diplomático argelino Saïd Djinnit, Representante Especial del Secretario General para África Occidental.
La emergencia del Sahel como zona de atención en la presente década
En términos de lucha antiterrorista, y tras la experiencia inicial del Plan Pan Sahel puesto en marcha por los EEUU inmediatamente después de los macroatentados del 11 de septiembre de 2001, la región del Sahel y sus países circundantes gozan hoy de los beneficios de un plan también estadounidense, la Iniciativa Trans-Sahariana Contraterrorista (TSCTI, en sus siglas en inglés), que viene aportando 100 millones de dólares anuales entre 2005 y 2009 gestionados por los Departamentos de Defensa y de Estado para entrenar a los ejércitos pero también para objetivos concretos de desarrollo económico y humano - formación de formadores y habilitación para diversos empleos - en los siguientes países: Argelia, Chad, Malí, Marruecos, Mauritania, Níger, Nigeria, Senegal y Túnez. Libia no está hoy por hoy incluída pero podría acabar estándolo si el proceso de acercamiento entre Trípoli y Washington D.C se acelera. Aunque en términos absolutos el volumen de la ayuda pueda parecer importante es evidente que esta se diluye ante las necesidades que tiene que cubrir en tantos países, todos ellos necesitados aunque más unos (Malí o Níger) que otros (Argelia o Túnez). En cualquier caso la TSCTI es importante no sólo como manifestación de interés de la superpotencia estadounidense sino también como posible estímulo para que otros actores relevantes de la comunidad internacional, y en particular los europeos, se decidan también a incrementar su esfuerzo.
Los terroristas argelinos y de otros países de la zona que hoy conforman Al Qaida en las Tierras del Magreb Islámico (AQMI) se han ido concentrando en las regiones septentrionales de Malí, adaptándose a la forma de vida nómada de los pueblos que habitan dichas tierras y aprovechando el cruce de caminos que este territorio representa para sus abyectos fines. Los aproximadamente dos centenares de terroristas que pululan por estas tierras no pueden ser controlados por las autoridades de un país que cuenta con unas endebles Fuerzas Armadas formadas por 10.000 efectivos, y cuyos medios aéreos son escasos incluyendo en la actualidad tan sólo dos helicópteros operativos y una decena de aviones. El esfuerzo nacional e internacional para hacer frente a esta amenaza incluye desde hace algunos años el entrenamiento del Ejército malíense en técnicas antiterroristas por parte de fuerzas especiales estadounidenses, en concreto de boinas verdes del 10º Grupo de Operaciones Especiales, con sede en Stuttgart (Alemania), mientras que en Mauritania han sido fundamentalmente los marines quienes se han ocupado de la formación. Una docena de los susodichos boinas verdes, junto con militares de Alemania y Holanda, realizaron labores de entrenamiento de militares malienses, junto a otros de Senegal, durante dos semanas del pasado mes de octubre en las afueras de Bamako. Realizándose dichos entrenamientos en la zona septentrional de Malí, y en concreto en la región de la mítica ciudad de Tombuctú, las amenazas lanzadas por AQMI contra los efectivos estadounidenses el pasado septiembre obligaron a estos a cambiar la ubicación de dichas actividades. Ese mismo mes, el día 15 de septiembre, 12 soldados mauritanos habían sido asesinados por AQMI en un ataque lanzado a 80 kilómetros de la septentrional ciudad minera de Zouerat contra una columna de cinco todoterrenos del Ejército mauritano que transportaban a una veintena de militares, siendo decapitados los cadáveres y destrozados el resto de los cuerpos con explosivos. El 25 de agosto Khadim Ould Saman, el presunto jefe de operaciones de AQMI en Mauritania, había logrado hacer salir de su celda una carta en la que calificaba de “infiel” a la nueva Junta que gobernaba en Nouakchott y pedía que se la combatiera. Tres años antes, en junio de 2005 en Lemgheity, otros 15 soldados mauritanos habían sido asesinados en la misma región por terroristas yihadistas salafistas. En lo que a Marruecos respecta, a mediados de noviembre se encendían todas las alarmas en la zona meridional del Reino y se reforzaba la cooperación con Mauritania ante la alerta de infiltración de terroristas de AQMI en los territorios de ambos Estados.
AQMI ha elegido una región de ocultación tan difícil como es el norte de Malí por un doble motivo: en primer lugar porque han debido de refugiarse tras la línea fronteriza empujados por los esfuerzos antiterroristas de las autoridades argelinas; y por otro lado, porque el norte de Malí va convirtiéndose poco a poco en una región donde el proselitismo islamista avanza sin freno. En ciudades como Kidal, Tombuctú o Gao se ha ido detectando en los últimos años la presencia de predicadores foráneos, de lugares lejanos como Pakistán o de otros más cercanos como Arabia Saudí, cargados de ideas retrógradas y con capacidad para insuflar una versión rigorista del Islam que aún no se ve reflejada en otras partes del país y en especial en Bamako. Mezquitas financiadas por Arabia Saudí, pero también por Libia o incluso por Irán, vienen construyéndose sin parar en las localidades más importantes y el proselitismo intenso que se detecta en este país donde el 90% de los 13,5 millones de habitantes son musulmanes se da precisamente, como en el vecino Níger, porque su naturaleza de países-frontera entre el África blanca, mayoritariamente musulmana, y el África subsahariana, tradicionalmente de mayoría animista o cristiana, exige desde la perspectiva yihadista salafista de un notable esfuerzo para engrandecer el Islam.
Por otro lado, y a efectos del análisis sobre la implantación terrorista que es lo aquí más nos interesa, el aislamiento en que vive esta región de tráficos ilícitos viene permitiendo todo tipo de especulaciones sobre lo que allí pasa. En lo que a AQMI respecta muchos han hablado incluso de divisiones en la red terrorista en dichas latitudes, adjudicando al líder tradicional del Grupo Salafista para la Predicación y el Combate (GSPC) en la zona y ahora de AQMI, el argelino Mokhtar Belmokhtar (alias Belauar o El Tuerto), la facultad de moverse libremente, alejándose progresivamente de los dictámenes del emir supremo de la red, el también argelino Abdelmalek Droukdel. Sea como fuere, lo cierto es que los temores a que Belmokhtar realice un ataque terrorista, dentro de las limitaciones a las que la zona obliga y bien en Argelia o bien en Mauritania, son recurrentes, y ello podría servir tanto a los fines criminales de AQMI como a marcar con firmeza su liderazgo regional desmarcándose de la dirección de la red ubicada en el norte de Argelia. Este se habría reforzado además con los fondos obtenidos de la liberación de los dos turistas austríacos que fueron secuestrados el 22 de febrero en el sur de Túnez y liberados el 30 de octubre en la región de Kidal tras haber atravesado enormes extensiones de desierto sahariano tanto en Libia como en Argelia. El paso de secuestrados por Libia se da tanto para el caso de quienes son capturados más allá de sus fronteras occidentales como para quienes lo son más allá de su frontera egipcia: los 19 secuestrados - 11 europeos (5 italianos, 5 alemanes y 1 rumano) y 8 guías egipcios - el 19 de septiembre en la zona desértica de Glif Al Kabir, en el suroeste de Egipto, por delincuentes comunes mientras realizaban un safari fueron trasladados primero a Libia, luego a Sudán y luego a Chad donde fueron finalmente rescatados.
Para hacer más compleja la situación en la zona, la violencia de los yihadistas salafistas coexiste con la más antigua de los rebeldes Tuareg y con las actividades ilícitas de los traficantes de seres humanos, de armas, de drogas y de mercancías robadas. Desde la década de los cincuenta del pasado siglo se han dado en esas tierras septentrionales hasta tres grandes revueltas de los grupos Tuareg que hoy representan en la región septentrional de Malí unas 200.000 personas. Ya en 1992 se firmaron unos importantes acuerdos de paz entre el Gobierno de Malí y los insurgentes del Azawad pero sería casi tres lustros después cuando se iba a abrir un proceso de tensión y de enfrentamiento que llega hasta hoy. Así, el 23 de mayo de 2006 un líder de los Tuareg, conocido como Fagada, asaltó un cuartel militar en la región nororiental de Kidal y robó el armamento disponible. Otro perfil mucho más conocido de líder Tuareg es el de Iyad Ag Ali, considerado por las autoridades de su país como un mercenario con experiencia en Palestina o en Libia pero que ahora parece brindar su prestigio a AQMI.
Los efectos de la revuelta Tuareg lanzada entre febrero y marzo de 2008 con la utilización de armas pesadas y dirigida al noroeste de Kidal por uno de los líderes principales de la denominada Alianza Democrática del 23 de Mayo por el Cambio, Ibrahim Ag Bahanga, el mismo que dirigiría en julio la delegación negociadora de los Tuareg en Argel, llevaron al Presidente Amadou Toumani Touré a destituir, el 8 de junio, al Jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas, al Jefe de la Fuerza Aérea, y a los jefes de la Policía y de la Gendarmería Nacional. La contestación de los Tuareg no es unitaria y existen grupos marginales como las Fuerzas Unidas del Azawad pero la más importante es sin duda la susodicha Alianza. En el mes de julio Argel fue el escenario de la mediación argelina entre las autoridades de Bamako y dicho grupo - dirigidas por el mediador en todo el proceso, el Embajador de Argelia en Bamako, Abdelkrim Gheraieb - que, como en ocasiones anteriores, logró una interrupción de los combates si bien los problemas de fondo siguen perdurando y en esos momentos de difícil negociación hasta 92 militares malienses estaban secuestrados en manos de los Tuareg desde abril y mayo. Si la revuelta anterior las autoridades argelinas lograron el fin de los enfrentamientos con un acuerdo firmado en Argel el 4 de julio de 2006, sus cláusulas eran las ahora discutidas por las delegaciones negociadoras en 2008.
En medio de situación tan caótica, y en buena medida desconocida, el modus operandi de los terroristas es bien conocido. Compran fidelidades entre los “cheijs” Tuareg a través de sobornos y de matrimonios de conveniencia. Amara Saifi (alias Abderrazak El Paracaidista), hoy encarcelado en Argelia y responsable del secuestro de 32 turistas occidentales en 2003 en el sur de Argelia y que obtuvo un jugoso rescate pagado por el Gobierno alemán por la liberación de parte de ellos - en cuya mediación habría participado el susodicho cabecilla Iyad Ag Ali -, llegó a casarse con tres jóvenes Tuareg en Malí para sellar tales alianzas de conveniencia. Además, con la obtención de rescates y los frutos de otras actividades ilícitas los elementos de AQMI consiguen no sólo armas ligeras de todo tipo sino también morteros, misiles tierra-aire y medios de comunicación sofisticados, además de dinero para sobornar a los líderes de las comunidades locales y para dotarse de modernos medios de transporte “Toyota Land Cruiser”. El interés argelino por mediar en el conflicto casi atávico entre las comunidades Tuareg y los gobiernos de los dos Estados sahelianos más afectados es no sólo para mantener su liderazgo regional, sino también para atraer a los Tuareg a la fidelidad al Estado republicano argelino e incorporarlos incluso a las estructuras de lucha antiterrorista habiéndose producido ya algunos enfrentamientos entre elementos Tuareg y terroristas de AQMI como los que tuvieron lugar en mayo y agosto de 2006 en el Adrar de los Iforas, uno de los macizos más desconocidos que está situado entre el Sáhara y el Sahel.
En lo que a Níger respecta, las regiones desérticas septentrionales de este país también vienen siendo desde antiguo zonas de rebelión permanente, en la que unas poblaciones Tuareg nómadas insatisfechas por la marginalidad en las que viven se enfrentan a unas autoridades de Niamey que las consideran levantiscas y opuestas al Estado relacionándolas con el bandidismo y con el tráfico de drogas La región de las montañas del Aïr es rica en uranio, un mineral especialmente atractivo en los tiempos que corren, en los que se vuelve la mirada de forma cada vez más interesada a la energía nuclear frente al uso de los combustibles fósiles sometido a las fluctuaciones del mercado. La República Popular China o India buscan con ahínco abastecedores de uranio y la primera ya está construyendo una mina en el norte de Níger, región donde compite con Francia, tradicionalmente instalada en la zona y que está construyendo actualmente la mayor mina de uranio del mundo en Arlit. El uranio extraído en Níger - unas 3.000 toneladas de mineral concentrado por año - es trasladado por tierra a los puertos de Lomé y de Cotonou.
País pobre donde los haya la explotación de uranio aparece ahora como la panacea para salir de la miseria pues, de hecho, el uranio procura el 70% de los ingresos por exportaciones de Níger aunque también está sirviendo para desenterrar viejos conflictos. En paralelo a la consideración que algunos hacen del coltán como uno de los principales combustibles - junto con el cobre, los diamantes y el oro - en el conflicto que ahora sacude a la zona nororiental de la República Democrática del Congo, otros hacen paralelismos con el uranio y las revueltas Tuareg en lo que a Níger respecta. Desde hace muchos años geólogos franceses y chinos, y también canadienses y australianos, se han interesado por el subsuelo de estas áridas tierras buscando el preciado mineral y desde las décadas de los ochenta y los noventa del pasado siglo los grupos Tuareg, cada vez más organizados, comenzaron a conectar sus reivindicaciones a las perspectivas de enriquecimiento que sus tierras ancestrales parecían ofrecer al Estado nigerino. Las actividades de la compañía minera francesa AREVA, presente en la región desde hace años, es el mejor ejemplo de la actividad extractora de los extranjeros en estas tierras africanas. Entre 1990 y 1995 se produjo la última gran revuelta Tuareg en Níger hasta la que podemos situar en 2007 y que luego veremos. Finalizada aquella gracias en gran medida a la mediación argelina destaca de ella la labor diplomática de quien hoy es Primer Ministro, Ahmed Uyahia, ya entonces conocido como africanista durante su actividad previa en el Ministerio de Asuntos Exteriores antes de dedicarse a la política. Pero como en Malí también aquí se cerró el conflicto en falso y desde entonces la llama de la rebelión ha permanecido encendida avivándose en momentos concretos. Uno de ellos fue en febrero de 2007, cuando un grupo armado Tuareg atacó una base militar en las montañas del Aïr dando nacimiento con ello al Movimiento Nigerino para la Justicia, que actualmente lidera Aghali Alambo. En todo este tiempo elementos Tuareg y militares se han combatido sin tregua ante el desconocimiento general del resto del mundo, provocando muertos y desplazados en el epicentro de los enfrentamientos ubicado en la región de Agadez. En junio de 2007 un vehículo del Ejército saltó por los aires al pisar una mina y los militares habrían degollado como represalia a tres notables Tuareg dando con ello lugar a una nueva espiral de violencia. En abril de 2008 los rebeldes robaron un camión Toyota perteneciente a UNICEF que fue llevado a Malí para ser vendido, un buen ejemplo de los circuitos habituales de los tráficos ilícitos en la región. No hay que olvidar que los frutos del contrabando y de los robos que se producen dentro y fuera de la región pero que transitan por ella se desplazan a grandes distancias, desde Mauritania y Argelia en el oeste hasta Egipto y Sudán en el este, atravesando Malí, Níger y Chad. A fines de junio de 2008 las tropas nigerinas apoyadas por un helicóptero artillado mataron a 17 rebeldes Tuareg obligando a parte de ellos a buscar refugio en Argelia. En paralelo a estos conflictos y a la implantación progresiva de células terroristas en la zona norte del país, la explotación del uranio está alimentando la corrupción en este y su Primer Ministro se vio obligado a dimitir el pasado verano tras ser acusado de apropiarse de 237.000 dólares. En Níger, como también en Malí, los rebeldes Tuareg alimentan su lucha traficando con gasolina barata que traen desde Argelia aunque las autoridades de Niamey y de Bamako les acusan también de traficar con seres humanos, con drogas y con otros productos como el tabaco además de incidir en sus posibles conexiones con la red terrorista AQMI.
Necesidades para el futuro
Una de las prioridades actuales para los Gobiernos de la región y para los servicios de inteligencia con intereses en la zona es, aparte de abortar el crecimiento de una zona de entrenamiento y de proyección terrorista para AQMI en el Sahel, el alejar lo más posible a las comunidades Tuareg de dichos elementos contaminantes, así como tratar de frenar la expansión de predicadores musulmanes ajenos a la visión del Islam que ha prevalecido en la región durante siglos. Ardua tarea esta última que sólo podrá ser llevada a cabo con eficacia por círculos musulmanes moderados conscientes del mal que dicho virus de radicalización puede producir al Islam. En lo que a los aspectos sociales y económicos del problema respecta, es urgente poner en marcha proyectos de desarrollo que puedan alejar a las comunidades nómadas Tuareg de la nefasta influencia no sólo de los terroristas sino también de los traficantes de todo tipo que ofrecen dinero fácil y actividades hoy por hoy más viables, y rentables, en esa difícil zona de paso.
En lo que a los países no africanos pero interesados en coordinar respuestas a los desafíos que tienen su epicentro en esta región respecta destacan, junto a los EEUU, los países europeos y la Unión Europea (UE) como tal. Tras la aprobación en principio, por el Consejo de Ministros de Justicia e Interior (JAI) de la UE de 5 de junio pasado, de las propuestas del Coordinador Antiterrorista Gilles de Kerchove para dar asistencia técnica a los países magrebíes y sahelianos en la lucha antiterrorista se han incrementado los esfuerzos de los socios comunitarios para prevenir la radicalización. Por otro lado y en términos operativos, el esfuerzo estadounidense por entrenar a y por facilitar el trabajo combinado de los ejércitos de la región puede resultar positivo, sobre todo para poner en valor las ventajas comparativas de unos en beneficio de otros. La operación llevada a cabo a mediados de diciembre de 2008 por el Ejército de Malí en la región nororiental de su territorio, donde se encuentra con las fronteras de Argelia y de Níger, contando con el apoyo logístico de unidades de transporte aéreo argelino, es un prometedor ejemplo de ello. Ello sigue al anuncio hecho público el pasado 16 de julio en Bamako, tras la visita de dos días de una delegación militar argelina encabezada por el General Mayor Amrani Ammar, de la intención de ambos países de contribuir con patrullas mixtas en los 1.000 kilómetros de frontera común a la lucha contra dichas lacras. La idea ya desarrollada en lo que a la lucha contra la inmigración irregular respecta por la Guardia Civil española con la Gendarmería Real marroquí y con las Gendarmerías Nacionales de Mauritania y de Senegal permitiría dotar de contenido al Acuerdo de Cooperación Militar y Técnico firmado en diciembre de 2001 por Argelia y Malí y que podría servir de modelo en la región