| « Irán. Bronca en el Islam | 4 días de marzo » |
Por Carlos Echeverría Jesús
Según la Oficina Marítima Internacional algo menos de la mitad de todos los actos de bandidaje en el mar así como de los actos de piratería ocurridos a lo largo de 2008 - 111 de 293 - tuvieron lugar frente a las costas somalíes o en la zona marítima del Golfo de Adén, un área donde confluyen un auténtico Estado fallido - Somalia - y otro miembro de la Liga de Estados Árabes cuyo territorio ha sido y sigue siendo también escenario privilegiado del activismo yihadista salafista, tanto en términos de propaganda y de reclutamiento como de realización de sangrientos atentados: la República del Yemen.[1] Es importante destacar que en la actualidad son yemeníes la mayoría de los prisioneros que aún permanecen internados en la Base de Guantánamo y que muchos expertos consideran que elementos yemeníes de la red Al Qaida habrían cruzado el Golfo de Adén para colaborar en Somalia con la antena de la red de redes en dicho escenario africano: el grupo Al Shabab.[2] El que la actividad delincuencial en la mar y el terrorismo en tierra - aunque también en estas aguas podemos inventariar pioneros ataques terroristas contra buques occidentales, tanto de guerra (‘USS Cole’) como mercantes (‘Limburg’) - hayan tenido desarrollos separados, no les impide esbozar hoy esfuerzos de aproximación entre ellos para unir fuerzas en el combate contra un enemigo común: los apóstatas y los infieles.[3] Somalia es el país africano que cuenta con el litoral más extenso de todo el continente - 3.300 kilómetros de costa - y es probablemente el que menos capacidad tiene de controlar sus fronteras y el que vive sumido en el mayor y más antiguo desgobierno que podamos imaginar, realidad esta que le convierte en un verdadero paraíso para bandidos, piratas y terroristas.[4]
Las actividades de bandidos, piratas y/o terroristas en los últimos años
Se estima que cada año unos 21.000 buques de diverso tipo transitan por el Golfo de Adén, haciendo de sus aguas un ansiado escenario de actividad para delincuentes y un atractivo escenario en el que llevar adelante su sagrado combate por parte de los yihadistas salafistas dado que sus diversos objetivos se localizan en ellas: Estados árabo-musulmanes liderados por gobernantes calificados de apóstatas - es el caso de los Presidentes de Yemen y de Somalia, pero también en un sentido más amplio los de otros países árabo-musulmanes que se asoman al Mar Rojo (Egipto, Eritrea, Sudán y Arabia Saudí) o por los más alejados pero conectados también con la zona como son Omán o los países productores de hidrocarburos del Golfo Arábigo/Pérsico (Irán, Irak y los distintos emiratos); los muchos buques de naciones infieles que por ellas navegan (de Kenia y Tanzania en África Oriental, y los de muchos otros pabellones que navegan hacia Europa a través del Canal de Suez, etc.); las fuerzas navales de países occidentales pero también de otros Estados amenazados por los yihadistas salafistas por diversos motivos como son las de la Federación Rusa, de la República Popular China, de la India, de Malaisia o de Arabia Saudí, entre otras;[5] los turistas de orígenes diversos que corrompen con su simple presencia y también con su dinero a las comunidades musulmanas que visitan; los cooperantes que en escenarios como Etiopía, Sudán o la propia Somalia tratan de ayudar a resolver dramas humanitarios pero que son percibidos por yihadistas, por islamistas calificados de moderados y por sectores radicalizados del nacionalismo árabe como una parte visible e importante de la perniciosa ingerencia extranjera; etc.
Es importante destacar que en torno a la amplia región marítima aquí tratada se produjeron a fines de los años noventa y a principios de la década actual algunos de los atentados más emblemáticos de la red terrorista Al Qaida, algunos de ellos en la mar.
Tras la voladura de las Embajadas de los EEUU en Nairobi (Kenia) y Dar es Salaam (Tanzania), en agosto de 1998, se produjo el ataque suicida contra el buque de guerra estadounidense “USS Cole”, en aguas del puerto de Adén en 2000, y meses después el también suicida ataque contra el petrolero de pabellón francés “Limburg”. Poco después, en Kenia, un avión comercial israelí de la compañía ‘El Al’ y un centro turístico frecuentado por israelíes fueron también objetivo de los terroristas yihadistas salafistas. Todo ello, unido a los dramáticos acontecimientos que desde principios de los años noventa se viven en Somalia, donde el activismo más temprano de Al Qaida se puede situar nada menos que en 1992,[6] y al incremento de la amenaza terrorista en el aún muy turístico Yemen, hacen de la zona una región muy peligrosa en la que la amenaza ha adquirido últimamente una imagen nueva y muy inquietante, y ello sin abandonar las amenazas tradicionalmente allí identificadas.[7]
La amenaza hoy
La inestabilidad endémica de Somalia sigue alimentando, junto a otros efectos también negativos, a una desafiante actividad de bandidaje y de piratería frente a sus costas, realizada cada vez más mar adentro y siendo también más osada frente a los crecientes esfuerzos internacionales para combatirla. Aunque la red terrorista más importante hoy en Somalia, Al Shabab (La Juventud), se financia básicamente con fondos procedentes de miembros de la diáspora somalí y de islamistas extranjeros, también se nutre de fondos procedentes de los rescates pagados a bandidos y piratas por tripulaciones y armadores de buques secuestrados.[8] Causas políticas, como el caos imperante en tierra, donde señores de la guerra y terroristas yihadistas alimentan el bandidismo como forma de vida, o económicas, como la falta de perspectivas de actividad lucrativa alguna en medio de tanto caos para muchos pescadores, alimentan a los cada vez más osados piratas que operan en una enorme extensión marítima de un millón de millas cuadradas que es imposible de controlar en su totalidad y que es, además y como veíamos anteriormente, una de las rutas de tráfico marítimo más importantes del mundo. Desde enero de 2009 se han producido más de 60 ataques contra buques y actualmente 17 barcos de diverso tipo y nacionalidad y unos 300 tripulantes permanecen secuestrados por piratas somalíes. Desde este Estado fallido, donde las células yihadistas vienen actuando desde hace lustros, se aporta pues el santuario, la inteligencia, los fondos y los buques nodriza que permiten a pequeñas lanchas atacar a grandes buques a distancias de entre 500 y 800 millas náuticas de la costa.[9] Las bandas de piratas, que parece que cuentan también con informadores en puertos de Yemen y de Kenia que informan sobre los potenciales objetivos, se han hecho con el control de puertos como Eyl y Xarardheere, desde donde organizan ataques y adonde llevan a los barcos secuestrados y los retienen mientras se negocian los rescates.[10] Ambos puertos están situados en Puntland, región somalí cuasi-independiente de donde es originario el que fuera anterior Presidente de este Estado africano en descomposición, Abdullahi Yusuf Ahmed, hasta su sustitución al frente del Gobierno Federal de Transición a principios de este año por el antiguo líder de la Unión de Tribunales Islámicos (UTI) Sharif Sheikh Ahmed.[11]
La reciente experiencia del portacontenedores de bandera estadounidense “Maersk Alabama”, tomado por un puñado de piratas que acabaron quedándose con su capitán como rehén y quien fue liberado el 12 de abril en una operación de comandos SEAL que neutralizó a los secuestradores, pone más que nunca sobre la mesa la importancia de una amenaza asimétrica, propia del mundo global y multipolar en que vivimos, en el que esta práctica podría ser seguida por los terroristas yihadistas descubriendo en ella un nuevo e inquietante campo de batalla de gran impacto mediático y de escasa complejidad logística, aparte de una espléndida fuente de financiación. Hoy por hoy el importante despliegue de diversas unidades navales de varios países es costosísima y se muestra ineficaz para erradicar el problema pues se siguen pagando rescates a diario por la larga lista de barcos de todo tipo que son tomados con sus tripulaciones como rehenes, mostrando todo ello la impunidad y la humillación imperantes. Desde el secuestro de un barco ucraniano cargado de armamento el pasado septiembre, el ‘Faina’, hasta el de un enorme petrolero de pabellón saudí en noviembre, el ‘Sirius Star’, este último secuestrado en el mismo mes en que los arrogantes piratas se permitían abrir fuego contra un buque de la Armada india que respondió hundiendo a los atacantes,[12] y pasando por el secuestro de innumerables yates de recreo y de buques mercantes de menor calado que aquellos, todos estos barcos han sido llevados a puerto en la anárquica costa somalí y, tras largas negociaciones, liberados a cambio de jugosos rescates ante la impotencia del mundo y el consiguiente estímulo a potenciales piratas y/o terroristas a sumarse al negocio.[13]
En términos globales, los 24 ataques piratas ocurridos en la zona aquí tratada entre enero y junio de 2008 hicieron de ella el principal escenario mundial para la piratería según la Oficina Marítima Internacional, por encima del también importante escenario del Estrecho de Malaca, donde la ausencia de Estados fallidos, por un lado, y la decidida actuación de las marinas de Singapur y de Malaisia, por otro, han reducido notablemente la amenaza. Además, es de destacar que la amenaza no es sólo física sino también económica pues el incremento exponencial en los ataques está haciendo subir de forma notable el precio de los seguros y ello en un período de recesión económica como el actual.
Los esfuerzos militares etíopes, prácticamente en solitario ante la ineficacia de la Unión Africana (UA) para sumar otras fuerzas, y las inconexas aproximaciones diplomáticas de actores diversos incluyendo a la ONU y a las grandes potencias mundiales, han demostrado la incapacidad de la comunidad internacional para traer el orden a Somalia, realidad esta que nos permite prever que la piratería como amenaza no sólo perdurará sino que se intensificará aún más mientras siga siendo el lucrativo negocio que hoy es. Ardua labor pues la que deberá de llevar adelante la flotilla europea que en el marco de la “Operación Atalanta” comanda desde el 6 de abril y durante los próximos cuatro meses España.[14] Este esfuerzo naval - en el que participan ocho fragatas, dos portaaeronaves y unos 1.200 militares de varios países de la UE - al que se suman flotillas de la OTAN y unidades navales de países tan diversos como EEUU, China, Rusia e India no ha podido impedir el repunte de la actividad de los piratas que, a principios de abril y en el marco de la transmisión del mando de la “Operación Atalanta” de manos griegas a las españolas, se reflejaba en la captura de al menos cinco barcos, tres de ellos europeos: un yate francés, un contenedor alemán y un carguero británico, además de un remolcador yemení y de un pesquero taiwanés. Con la operación de rescate del yate francés, lanzada el 10 de abril por comandos franceses y en la que murió un rehén, dos días antes de la exitosa liberación por comandos SEAL de la Marina estadounidense de Richard Phillips, capitán del “Maersk Alabama”, se pone de manifiesto la determinación de algunos países frente a la amenaza. Por otro lado, el lanzamiento el 13 de abril de granadas de mortero contra el Aeropuerto de Mogadiscio por yihadistas del grupo Al Shabab, en el momento en el que el congresista estadounidense Donald Payne despegaba de regreso a EEUU tras entrevistarse con el Presidente somalí, Sharif Sheikh Ahmed,[15] hace aún más evidentes las complejidades de Somalia, donde islamistas calificados de moderados detentan el poder y otros más radicalizados tratan desde antiguo de hacer de este atribulado país un escenario más de su sangrienta lucha.[16] El pasado 10 de marzo el Gobierno somalí votaba la aplicación de la Sharía en todo el país, una propuesta presentada luego al Parlamento para su aprobación final en un contexto de creciente violencia en todo el territorio, con ataques contra los sectores musulmanes más moderados y con riesgo creciente de poner en peligro la seguridad de vecinos como Kenia.[17] También es importante destacar que, según el Gobierno yemení, el terrorista suicida que atentó el pasado 15 de marzo en la región de Hadramawt matando a cuatro turistas surcoreanos y a dos guías yemeníes había recibido entrenamiento en Somalia.[18] Las dificultades pues para recuperar la normalidad en Somalia, dadas tanto las divisiones internas como la falta de un liderazgo exterior claro que permita comprometer fuerzas que ayuden al nuevo Gobierno a dotarse de los instrumentos de seguridad necesarios para controlar la situación,[19] permiten prever que el activismo de bandidos y piratas en la mar no sólo se reduzca sino que incluso se incremente tal y como se está confirmando con el aumento del número de ataques a buques de todo tipo en las últimas semanas. Sus conexiones con los terroristas de Al Shabab, que ya se han hecho con los puertos de Kismayo y Marka,[20] agravarán sin duda este desafío global tan difícil de combatir como vemos y que contribuirá a reforzar la amenaza representada por Al Qaida y sus asociados en el mundo.
Para Al Qaida, abrir un nuevo frente de batalla en el Golfo de Adén, en un escenario de combates antiguos pero que los líderes de la red querrían ver convertido en un área de Yihad guerrero post-moderno protagonizado por ellos, es una querencia que se refleja no sólo en las invitaciones de sus líderes sino también en los hechos que se producen sobre un terreno bien abonado:[21] Yemen y Arabia Saudí en la orilla norte, y Somalia y por extensión Sudán en las orillas sur y oeste convertidas en escenarios de actos terroristas aún más encarnizados y frecuentes, y unas extensas áreas marítimas donde flotas no sólo occidentales sino también de enemigos como Rusia, China o India, además de las de algunos regímenes musulmanes considerados apóstatas, muestran su incapacidad para vencer a los osados piratas transformados en ‘muyahidin’ sería tanto o más atractivo que la épica protagonizada desde hace años por otros guerreros sagrados en escenarios como Afganistán/Pakistán o Irak.
Notas
[1]Tanto Somalia como Yemen aparecen en la lista de 22 países en los que, según el Consejo de Seguridad de la Organización de Naciones Unidas (ONU), se han producido operaciones de Al Qaida en el último año. Véase BARRETT, Richard: “The Role of the United Nations in Defeating Al-Qa’ida and Associated Groups” Counter-Terrorism Center at West Point Sentinel Vol. 2, nº 4, abril 2009, p. 19.
[2]SANDERSON, Tony: “President Obama’s Overseas Terrorism Challenge” CTC Sentinel Vol. 1, nº 2, abril 2009, p. 9.
[3]Los contínuos llamamientos de líderes de Al Qaida a combatir en el escenario somalí contra apóstatas y contra infieles deben ser destacados, comenzando por el lanzado en un vídeo por Abu Yahya Al Libi el pasado 13 de febrero y seguido por otros de Osama Bin Laden y de Ayman Al Zawahiri que más adelante veremos. Véase CTC Sentinel Vol. 2, nº 3, marzo 2009, p. 26.
[4]La distinción que hacemos entre bandidaje y piratería en el medio marino es importante pues los actos cometidos bajo la primera acepción serían los realizados dentro del Mar Territorial (máximo de 12 millas naúticas desde la línea de costa) o de la Zona Económica Exclusiva (máximo de 200 millas) mientras que los segundos tendrían lugar más allá de la ZEE. Véase JIMÉNEZ PIERNAS, Carlos: “Actos de piratería y de bandidaje cometidos frente a las costas de Somalia” Análisis del Real Instituto Elcano (ARI) nº 168/2008, 23 diciembre 2008, p. 2, en