¡Quiero
ser como Lendoiro! - Viernes,
11 de mayo de 2007
-Yo
para ser feliz quiero
un camión, -decían Loquillo y sus Trogloditas-.
Yo no. Yo para ser feliz quiero… ¡un Club de
fútbol! Sí, así como suena, y ser como
César Augusto Lendoiro.
Así
podría pasearme por todas las ciudades de España,
y otras muchas de Europa haciendo turismo, alojándome en
buenos hoteles y comiendo de lo mejorcito. O mejor aún,
podría quedar como un señor invitando yo a los
comensales y hacerles partícipes de las delicatessen de la
ría y de la tierra. ¡Qué más
da si me saldría gratis! ¡Ya lo pagaría
el Club!
Me daría igual
que algunos de mis trabajadores me exigiesen el sueldo en los juzgados,
que otros clubes dijesen que les debo dinero, o que la Hacienda
Pública y la Seguridad Social me embargase la sede social y
los campos de entrenamiento. ¡Eso a mi no me
afectaría! Que yo fuese el presidente del Club no significa
que sea el responsable de los problemas económicos del mismo.
Así pues, me
daría exactamente igual que el Club adeudase 156 millones de
euros de vellón (o más), lo importante
sería que yo, y mis familiares y amigos más
próximos cobrásemos a fin de mes. Así
en pocos años cobraría más de seis
millones de euros y, algunos de mis familiares regentarían
los negocios asociados al Club. Todo el beneficio quedaría
en familia. Como debe ser.
Y, si alguno de los
accionistas minoritarios del Club me pidise, por ejemplo, en la Junta
General de Accionistas que me baje el sueldo, le
respondería: “-si me quiere bajar el sueldo,
reúna el 25% del accionariado y modifique los
estatutos”. Y si sigue insistiendo en este asunto o, en el de
mis familiares, le diría: “-Yo no estoy para
aguantar impertinencias”. Y le retiraría el uso de
la palabra en el acto.
Además
tendría en cuenta que, independientemente de lo alta que sea
la deuda que tenga el club, tanto los bancos, como la Hacienda
Pública, como la Seguridad Social, prorrogarían,
una y otra vez, el plazo que tiene el club para satisfacer dicha deuda.
Ello se entiende debido al interés social, nacional,
económico, político e inclusive
histórico, que el Club generaría tanto en los
escenarios nacionales como internacionales.
Inclusive
podría
ser el primero, sí, el primero, al que La Real
Federación Española de
Fútbol denegase
la licencia UEFA, siendo el motivo fundamental de este hito el que mi
directiva no conseguiría acreditar que cumple con los
requisitos económicos exigidos, (estar al día con
Hacienda, Seguridad Social, trabajadores y otros clubes).
¿Qué
más daría si en lo futbolístico
fuésemos fatal, que de las 36.000 localidades del estadio
apenas se llegase a los 12.000 espectadores, o que el entrenador
prefiriese no hablar del Club, si con esta y otras noticias similares
estaríamos todos los días en los medios de
comunicación, generando publicidad gratuita?
Llegado el momento
anunciaría que ”Las empresas
futbolísticas deben convertirse en importantes sociedades
mercantiles (...) con dos objetivos: ofrecer más y mejores
servicios a los socios y obtener beneficios”.
Para ello hay varias
vías:
1ª) Hacer una
ampliación de capital. Con la esperanza de que los socios
acudan en masa a ella y así que solventen ellos la papeleta.
No en vano en un momento anterior habré dicho “que
ningún accionista podrá disponer de
más del 1% del capital del Club, “para evitar que
nadie posea un porcentaje suficiente como para mangonear la
entidad”. Y, así tener, un Club de y para todos.
Cuando viese que los
accionistas pasan del tema,… entonces optaría
por cambiar el punto anterior y anunciaría a bombo y
platillo que cualquiera puede comprar tantas acciones, y porcentaje del
club, como dinero disponga. Daría igual que al final el club
se malvendiese o quedase en cualquier mano y al capricho de cualquiera,
sea nacional o internacional. El caso sería ingresar dinero.
2ª) Aunque,
lógicamente, tendría que mirar el tema del
pelotazo inmobiliario, que tan buenos resultados les ha dado a otros
clubs. Habría que conseguir que el ayuntamiento de A
Coruña recalificase los terrenos de estadio y
aledaños y, así, podría vender las
parcelas a precio de oro, y/o promover urbanizaciones de lujo, cosa que
sin duda beneficiará a toda la ciudad. Y alrededores.
Además, como el
ayuntamiento en su momento ya puso sobre la mesa 12 millones de euros
para remodelar el antiguo estadio, y cederlo luego gratis al Club;
ahora podría aprovechar la ocasión, y el dinero
de los contribuyentes, -que en algo hay que gastarlo-, y ponerse a
buscar un nuevo emplazamiento y construir otro estadio nuevecito.
¡Para eso
está el dinero público!: Para fomentar la
construcción, uno de los pilares fundamentales del
crecimiento del PIB nacional, amén del auge de la riqueza y
del bienestar de la nación y de sus gentes. Se
Generaría empleo y se levantaría
España, engrandeciéndola y
enalteciéndola, por y sobre todas las demás
naciones.
Aparte, haría
notar a los políticos que esto del fútbol es de
interés general y, por lo tanto, tiene prioridad sobre otros
asuntos como el caos circulatorio, el paro, la suciedad de la
ría, la deforestación, la carencia de servicios
sanitarios a los ciudadanos e, inclusive, a la especulación
y corrupción urbanística.
Y mientras estas y otras
cosas pasasen, yo seguiría comiendo, bebiendo, viajando,
haciendo vida social, cobrando a fin de mes y haciendo negocios a
cuenta del Club.
Además
saldría en todos los medios de comunicación
diciendo que la cosa no es para tanto, y que todo está en
vías de solución, tendría mi propio
club de fans y, si la cosa no funcionase, podría amenazar
con volver al mundo de la política.
¿Qué más podría pedir?
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